lunes, 20 de diciembre de 2010

Suerte (Fuegos de Medianoche: Capitulo II)

De repente, un sonido lo aturdió y lo hizo volver en si, un camión se acercaba y él se había metido en su carril al quedarse… ¿frío? ¿Cómo el gordo?
Sus manos describieron por reflejo un giro en el volante que por poco arranca a este último de su posición. El Ford resbalando sobre la fina capa de nieve escapó del casi inminente choque con el camión por los pelos, perdiendo algún que otro detalle en la pintura.
Pero su mala suerte solo había comenzado, el frío y la nieve habían congelado el asfalto, haciendo que perdiera el control. Tuvo suerte de no estrellarse de lleno con un árbol al costado del camino, y de solo terminar estancadose en un montón de barro.
No importaba cuanto acelerara, el Ford estaba atrapado, y él varado.
Miró a su costado de reojo, temeroso de ver a su padre de nuevo, pero la aparición se había marchado. No, no había sido una aparición, sino solo una mala pasada de su mente dormida. ¿Cuánto llevaba sin dormir? ¿Cuatro días? Eso era mucho incluso para él.
Bueno, ¿ahora que podía hacer? No podía quedarse ahí, estaba empezando a nevar con más fuerza. Sacó su teléfono, tenía un amigo que le debía un favor. Y este amigo tenía una grúa, bueno, sabría como conseguir una grúa.

“¿Qué mierda quieres Tony? – dijo con una voz somnolienta.
“Billy, me sorprendes. ¿Durmiendo tan temprano?”
“¿Eh? Cállate, acabo de conciliar el sueño desde… bueno, tu sabes que.”
“Si” – dijo cortantemente, envolviéndose en sus pensamientos. Por poco no lo habían logrado, eso había sido algo sobrenatural. Aun no se explicaba como había sucedido, en realidad dudaba mucho sobre lo que realmente había pasado. Aquel maldito encargo, otra razón para empezar a planear su retiro prematuro. Total, tenia dinero suficiente como para vivir tranquilamente por unos cuantos años, pero para no levantar sospechas, seria mejor instalar aquella casa de música con la que había soñado de niño y que manejaría con Ricky. Nunca había logrado aprender a tocar ningún instrumento, pero le encantaban y Ricky había...
“Tony. ¡Tony! ¿Sigues ahí?” – dijo Billy devolviéndolo a la realidad.
“¿Eh? Si, disculpa es que… no importa. Escucha, necesito tu ayuda. ¿Recuerdas tu habilidad para conseguir vehículos en el momento oportuno?
“Es todo un don, ¿no crees?”
“Bueno, necesito que vengas a la Ruta 13, kilómetro, eh… 136 mas o menos… con una grúa.”
“¿Una grúa? ¿De donde carajo quieres que consiga una maldita grúa?”
“No lo se, tu tienes el don, ¿no? Vamos, necesito sacar el Ford, no pienso dejarlo a su suerte”
“¿Tienes un cadáver en el baúl?”
“¿Si te digo que si vendrás para evitar que me congele y dejaras de quejarte?”
“Esta bien, lo haré. Pero recuérdalo para cuando sea yo quien te llame para pedirte que salgas a robar una maldita grúa”
“Eres todo un amigo Billy”
“Y la mierda. Una grúa. ¿De donde consigo una maldita grúa?”

Solo restaba esperar. Billy lo lograría, se quejaría todo el camino e inventaría una historia exagerada de que había tenido que atar a una silla al vigilante del local de auxilios de automotor y amenazarlo con matar a su familia y luego cortarle el miembro. Pero él sabia que, como siempre, habría logrado robar la grúa sin siquiera levantar sospechas. Billy tenia la suerte de que cuando se necesitaba un vehículo, él encontraba siempre uno al que habían dejado con las llaves, o con la ventana entreabierta, o no había nadie cerca, lo que le daba la posibilidad de puentearlo. Incluso contaba que una vez había conseguido un Mercedes luego de coquetear con una mujer mayor y de prometerle volver mas tarde para “agradecerle el favor.”
Lo único que superaba su don para los vehículos era su habilidad para mentir, solo él que lo conocía desde la secundaria se daba cuenta cuando estaba diciendo la verdad y cuando estaba mintiendo. Ya que por mas que a veces lo que contara resultara exagerado, siempre la gente se lo creía. Debía de ser su carisma o algo en su cara, pero mas de una vez habían salido vivos gracias a las mentiras de Billy… o por su don.
Miró su reloj de pulsera, marcaba las 10.30 P.M. Lo que significaba que aun faltaba mucho para que saliera el Sol, y para esa entonces esperaba estar en su casa con la calefacción encendida y el Ford seguro en el garaje.
Solo le restaba esperar a Billy con la bendita grúa. Encendió la radio, pero solo se escuchaba estática. Cambió la estación y solo había estática. Comenzó a pasar por todas las sintonías y solo había estática.
“Vaya, que rara es la música de los jóvenes” – se dijo para sus adentros mientras sonreía.
Bajó del auto y revisó la antena, para ver si la maniobra le había echo algo, pero entonces…
“No es la antena Tony” – dijo una voz infantil a su espalda. La voz hizo que se le erizaran todos los pelos de su cuerpo. Lentamente se dio vuelta, tenía a que verlo para creerlo.

Continuará

viernes, 17 de diciembre de 2010

Un Frío Trabajo en una Fría Noche (Fuegos de Medianoche: Capitulo I)


El trabajo había sido sencillo, coser y cantar. El gordo había seguido su rutina de fumarse un habano en su terraza del quinto piso observando la fría ciudad descansar en el manto oscuro de la noche, por mas asquerosa mente helada que fuese esta, como solían ser en la ciudad en esa época del año.
Como odiaba el frió calara sus huesos, ¿por qué carajo le habían encargado a él esta misión? ¿Por qué no a un sicario más del montón o a algún asesino de poca monta? No, él había sido elegido por el mismísimo Don, su mano derecha, el dueño de la mitad de los negocios tapaderas de toda la región, señor de más de un millar de cocinas y laboratorios de drogas escondidos en sótanos. ¿Que planeaba el viejo? ¿Serian ciertos los rumores de que su vejez le estaba jugando malas pasadas? ¿O simplemente se quería deshacer de un estorbo?
Pero al parecer el trabajo había sido sencillo. Esperar que el gordo se marchara, subir por la escalera de incendios, forzar la ventana, aflojar unos tornillos en el barandal de la terraza y salir sigilosamente. Así es como se cocina una tortilla de gordo canalla al pavimento señoras y señores. Sin testigos, sin mayores preocupaciones y listo para desayunarlo con una taza de café y un ejemplar del periódico matutino.
Desde el asiento de su antiguo Ford vislumbró todo el espectáculo, la llegada del gordo a su departamento luciendo su desagradable traje blanco aparentando ser alguien moderno. Lo vio saludar al portero, el cual al instante que se marchó el gordo se limpio disimuladamente la mano por el pantalón de vestir. Obviamente tomó el ascensor, su corazón no aguantaría un viaje de ida por la escalera hasta el octavo piso, no sin un par de escalas. Se encendieron las luces del apartamento de lujo, y luego de un par de minutos el gordo se mostró en la terraza, y con todo su esplendor encendió un habano, no aquellos de calidad, sino uno que simulaba con una forma y color de los más ostentosos. Y apoyándose ligeramente en el barandal, sin darle tiempo la dama gravedad de darse cuenta de que algo andaba mal, vio como el paisaje cambiaba de la oscura noche estrellada de luces de neon a un llano y frío asfalto que se acercaba frenéticamente.

El portero, que hacía no más de diez minutos lo había saludado, vio como el gordo dejaba su mancha de paso en toda la acera del hotel cuatro estrellas. Sin duda seria todo un trabajo volver a dejar presentable el lugar luego de tremendo espectáculo. Por casi un instante sintió pena por él, pero sabia que el muy bastardo andaba metido en cosas sucias, narcóticos, y que a pesar de ser humano en el exterior, por dentro solo era un montón de escoria.
Al finalizar todo, luego de que llegaran los primeros coches patrullas, pero antes de que los oficiales bajaran y acordonaran toda el área, el Ford emitió su típico rugido de encendido y se marcho lenta y sigilosamente al compás de una antigua canción de Los Beatles, con el conductor cantando suavemente, para que solo él pudiera oírse, Hey Jude, don’t make it bad, dejando atrás todo el show que habia preparado para sus amiguitos los oficiales, inspectores y periodistas. Disfrútenlo, se dijo. Mientras tanto del cielo, una mancha blanca descendía lentamente. El frío había traído compañía.

El trabajo ya estaba hecho, solo restaba buscar un teléfono limpio para hacérselo saber al jefe y luego seria libre de volver a casa. “Mierda que este frío cala los huesos” solo eso pensaba él. Parecía que hacia tanto frío como para congelar el combustible del tanque, ja, eso ya seria el colmo de la mala suerte.
“No dejes que tu imaginación vuele mas allá del horizonte de lo racional Tony, eso fue lo que le pasó al tío Alfredo y viste como terminó, incendiando la casa “para ver si se podía calentarla toda de una sola vez” y así matando a papá”
“No te mientas Tony, eso no fue lo que realmente ocurrió” dijo de repente una voz extraña y a la vez familiar que llegó a él como un suave susurro al oído para que nadie mas lo escuche.
Tony sobresaltado miró rápidamente a su alrededor y todo lo que descubrió fue que estaba solo en el Ford, tal y como lo había estado unos segundos antes. Suspirando complacidamente se dijo “Solo es tu mente jugándote bromas pesadas, necesitas dormir Tony. ¿Hace cuanto que estas despierto?”
Alargando la mano decidió volver a encender la radio, la había apagado hacia unos minutos debido a que habían dejado de transmitir música para concentrarse en debatir sobre los mensajes de los oyentes y sus opiniones sobre la evolución de la música en los últimos cuarenta años. Como odiaba que se pasaran charlando sin sentido en la radio en lugar de transmitir música, como si la gente quisiera escuchar una charla ajena en la cual no podía opinar o acotar alguna idea o corrección. Pero por supuesto, el poder consumía a la gente y los llevaba a creerse superiores.
Sus dedos tocaron el botón de encendido y para variar ahora la radio transmitía ahora un reporte de clima que anunciaba vientos con posibilidades de ventiscas. Cambio la sintonía hasta encontrar algo de música que hiciera más pasajero el viaje. Era una canción de rock comercial, aquellas que carecen de sentido y solo son conocidas por una temporada, pero con eso bastaba.
A la distancia vislumbro una parada de camioneros al costado de la carretera. Solo se detendría a hacer esa llamada al jefe, capas cedería un café y luego seguiría su camino. Ahora solo quería llegar a su departamento y acostarse en su cálida cama.
Mierda que hace frío.


-"El gordo ya no será problema, no volverá a hablar excepto con San Pedro, jefe.- dijo observando de reojo como la camarera servia café en su taza mientras él estaba en la cabina."
-"Bien. ¿Te aseguraste que nadie te vea?"
-"Por supuesto jefe, usted mejor que nadie sabe que soy un profesional."
-"No te confíes Tony, eres el mejor, pero incluso hasta tú puedes equivocarte."
-"Esta bien, como usted diga jefe, pero el trabajo ya esta hecho, y nadie me ha visto, me he asegurado. Tampoco he dejado huellas, tomé precauciones especiales en eso. Ahora lo dejo, me queda un largo trayecto a casa."
-"Tony, deberías detenerte en algún hotel, han dado alerta…"
“Viejo chiflado, es solo un ventarrón. Un poco de café, algo para comer ya que estamos y a darle gas a esa cafetera que tengo una cita con mi cama.”
-"Hola mi amor, parece que el trabajo esta tranquilo esta noche- dijo sentándose en su butaca señalada con la taza de café caliente.- ¿Qué me recomiendas para acompañar este café?"
-"No te vendría mal un bocado de la tarta de naranja."
-"No, creo que no vendría mal. ¿Y que tal algo de compañía?"
-"No hasta que termine mi turno, cariño."
-"¿Y cuanto falta para eso?"
-"Ja, acabo de entrar hace solo unas dos horas, y según tengo entendido para cuando acabe estaremos hasta la cintura de nieve."
-"Solo si crees es las profecías de los mentirologos. Yo estoy yéndome a Capital, ¿tu de donde eres?"
-"Bah, de un pueblo pequeño llamado Monte Rocoso, aquí a solo un par de minutos hacia el norte por la carretera."
-"Esta bien cariño, puede que vuelva uno de estos días por mas café y tarta de naranja y espero que no estés tan ocupada como para que te pueda invitar a un par de copas en algún bar."
-"Ja, como digas citadino, pero yo que tu primero me preocuparía por encontrar refugio pronto, la tormenta no tardará en llegar."
-"Profecías, nena. Simple profecías de los mentirologos."


Pero las profecías no parecían ser tan erradas después de todo, al salir se había encontrado con una fina alfombra blanca en el piso que casi lo hizo caer de bruces en el pavimento.
“Maldito frío”
Se acercó lentamente al Ford para no caer, y luego entró. Se sentía una leve diferencia de temperatura debido a la calefacción, pero aun así, él castañeaba los dientes sin cesar.
Miró su mano, tenía la servilleta del café, en ella se distinguía una serie de números, ja, sus encantos lo habían logrado de nuevo. Linda chica aquella camarera, rondaría los veinte, si es que no los había cumplido aún.
Aguantaría un par de días y se daría una vuelta por allí a ver si lograba algo con ella, al parecer estaban dejándole de gustar esas relaciones de una noche. ¿Cómo había dicho que se llamaba el pueblo? ¿Monte qué? Ah, bueno, luego se fijaría en un mapa y averiguaría.
La nieve estaba comenzando a molestar su visión.
“Maldita sea, lo que faltaba”
-Capaz debería dejar de lado tu orgullo y por una vez no hacer caso omiso de las advertencias de los demás- dijo de nuevo la fantasmagórica voz familiar pero esta vez él estaba seguro de haberla oído, esta vez habia sido mas que un susurro casi inaudible, esta vez fue como si el interlocutor estuviera sentado en el asiento del acompañante.
La voz le resultaba inquietantemente familiar, pero no podía ser, era imposible.
-Quizás no lo sea- dijo de nuevo la voz hablando con un tono inundado de indiferencia, como si el emisor careciera de sentimientos o tuviera el corazón de piedra.
Lentamente, como si su cuello necesitara una buena dotación de aceite, giro la cabeza hacia la dirección de la que provenía la voz. Ante él se alzaba una imagen que, años atrás, creyó que nunca volvería a ver. Veinte años.
Su padre se encontraba frente a él, en su aspecto original, antes de que… ocurriese.
-¿Cómo estas Tony? Bastante tiempo que no nos veíamos. Bah, que tú no venias a verme, yo siempre, siempre te estoy viendo Tony.
Sentía como que sus extremidades se separaban de su cuerpo y alejaban paulatinamente. Lo único que sentía era la presencia de su padre a su lado y el incesante latido de su corazón marcando un ritmo frenético y salvaje. Sus ojos se desviaron rápidamente hacia el frente, de donde unas luces brillantes cegaban su visión.

Continuará

viernes, 1 de octubre de 2010

Al Asecho

“Solo una vez más, ellos ya están buscándome y es posible que me atrapen si no me muevo rápido hacia otros pagos.”

Asechando en la oscuridad, solo cubierto por las sombras, lo único que lo separaba de su presa, su tan deseada presa. Hacia ya unos días que la había estado siguiendo, estudiándola, llegando al punto de conocer sus acciones, sus rutinas, llegar a casi conocer a la presa en si.
Aguardando en su escondite, observando como la presa había salido a realizar su caminata rutinaria al costado del río, a pesar del mal tiempo, que amenazaba con una horrible tormenta. El viento soplaba cada vez más fuerte y cortaba con un gélido aliento la piel, pero a pesar de eso, estaba ahí.
Esta presa tenía algo especial, el cazador la había encontrado de casualidad y con solo verla pasar se decidió que hasta que no la tuviera, no lograra cazarla no descansaría, no iría a ningún lado, no haría nada mas. Había quedado encandilado por su piel, de un color tan exótico, por su figura, tan perfecta por donde se la mirara, y por su carne, tan abundante y que con solo verla se anunciaba un dulce sabor en su paladar. Pero además de eso, había algo. Algo mas, escondido debajo de todo esa capa superficial que llamaba al cazador.
Lentamente se acercó la presa a la orilla del río y se paro en seco, admirando el sol que se alzaba sobre la oscura y contaminada agua, acciones de los hombres necios hambrientos de dinero y sedientos de poder, hipócritas desalmados.
El cazador observó todo el panorama, la presa inadvertida de su presencia y absorta en sus pensamientos y ningún alma a su alrededor que pudiera atraer su atención y arruinarlo todo. Cautelosamente salió de su escondite y sigilosamente comenzó a acercarse a su objetivo.
Paso a paso la distancia entre el cazador y la presa se fue acortando hasta el punto en que el cazador ya podía oler su perfume, casi podía tocarla, con solo estirar la mano podría…
Ella se dio vuelta repentinamente, desvelándole todos los detalles de su hermosa cara, cada pequeñez que solo se distingue al acercarse hasta casi tocarse. Sus ojos no mostraron temor, no dibujaban ningún sentimiento de pavor o de asomo de estar sorprendida, solo mostraban una firmeza admirable.
Él, inmóvil, quedó estupefacto ante lo ocurrido, no había causado el menor ruido, estaba seguro de eso, ¿entonces por que se había dado vuelta? ¿Habría sabido que él se encontraba ahí? ¿Qué la estaba siguiendo? Solo podía observarla atónito, a corta distancia, mientras ella rápidamente, en lo que parecían unas 2 o 3 horas, buscaba algo en su bolso para luego atacarlo en sus globos oculares. Gas pimienta.
Llevó sus manos a su cara, en la zona atacada, en un acto reflejo, un intento fallido de protegerse, de evitar el dolor. Sus piernas comenzaron a fallar, lo llevaron hacia la izquierda, luego a la derecha para terminar tendido en el piso escuchando…
-Hola policía, es urgente…-
Lo habían atrapado, a él, el cazado había sido… cazado. Había caído en la trampa y ahora estaba condenado.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una Rayo de Luz (Lluvia: Epilogo)

Un radiante halo de luz da de lleno en mi cara y me arranca sin dolor de el remolino de pensamientos que es mi sueño. Abro lentamente los ojos para encontrarme en el desastre que he hecho en mi estado de locura. Observo lentamente como las cenizas se mezclaron con el agua sobre la alfombra arruinándola completamente, como los restos de vidrio por todo el piso brillan con la luz de la mañana y como la imagen de la ventana rota combina con el panorama de abandono que tiene mi casa.
Atino a levantarme y noto un intenso dolor en mis muñecas, me encuentro con dos heridas que son la marca de el trauma psicológico que he vivido, son un como un tatuaje que me recordará esa noche de insensatez. Las heridas han dejado de sangrar hace un rato ya, la sangre se ha coagulado y manchado el sofá, dejandole un tatuaje a él también, en donde me sumergí en el refugio de los sueños. Pero a pesar de todo la herida no ha cerrado todavía.
Ejerciendo una fuerza descomunal logro levantarme y dirigirme hacia el baño, en donde coloco un par de compresas como pulseras sin sentido de la moda y me dirijo hacia la puerta, tengo que salir de esta maldita habitación. Ademas, también me haría bien un poco de aire fresco, quizás un caminata ayude.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El Final de una Noche (Lluvia Parte III)

Ya no aguanto más. La soledad nubla mi razón y el maldito olor a humedad que puebla mi olfato parece destruir las pocas neuronas que no han caído rendidas aun. El incesante golpeteo del techo es como un martillo incansable en mi cabeza y vista de mi ventana, alguna vez hermosa, ahora es solo un manojo de bruma y oscuridad.
Las rosas del florero se han marchitado y aun no las han cambiado. Intensa sensación de nunca terminar abruma mi cansado corazón. Anhelo de libertad y mi escepticismo me niega creer que algún día volveré a tenerla.
La oscura muralla que separa al Sol de sus fieles siervos, los humanos parece impenetrable e invencible haciendo solo que los corazones desesperanzados solo lloren de angustia, incluido el mío.
Solo me queda observar, como siempre lo he hecho. Calles que son ríos que tragan lo que se acerque en un arrebato de loca hambruna. A lo lejos, como en el edificio de el otro lado de la calle, el cual ya es otro mundo lejano e inexplorado, se distinguen otros observadores, prisioneros de sus propias moradas que deslumbran con una pequeña chispa de esperanza lo que queda de ciudad y escrutan el cielo en busca del menor asomo de luz. Una sonrisa puebla mi cara al darme cuenta de que no estoy solo, que no soy el último bastión de la humanidad en una era post-apocalíptica.
Me doy vuelta dirigiéndome a mi habitación. El cenicero junto al sofá es un cementerio de colillas a punto de rebalsar sobre la alfombra que alguna vez fue hermosa y ahora es solo un manojo de pelos artificiales llenos de humedad y abandono. El cuadro torcido de un amanecer en bote en medio del mar opaca las uniformes manchas oscuras de humedad que a logrado infiltrarse en la claridad de la pared. Olvidados en una esquina se encuentran, junto a la puerta, el paraguas y el saco con los que llegué a casa cuando el cielo se nublo hace tanto tiempo que ya casi no lo recuerdo. O quizás nunca ocurrió, quizás no existe nada detrás de esa puerta y la ventana solo me muestra lo que quiero que me muestre. Las paredes se encogen, siento que me aprietan en el pecho y en la cabeza. La locura posiciona mi ser y me lleva de nuevo frente a la ventana.
Observo como las nubes lentas y cansinamente flotan en fila india, una detrás de otra, sin dejar ni la más mínima ranura libre de cielo. Observo como la oscuridad total nubla lo poco de razón que me queda y como aviva el fuego de mi furia. Mi reflejo distorsionada sonríe burlonamente porque él es libre, él está del otro lado del espejo donde todo es lo opuesto. Lo golpeo en la nariz, creo verlo sangrar y alejarse rápidamente mientras el agua entra a la habitación y el calor que brota de la herida en mi mano me demuestran que sigo vivo.
La locura y la furia ciega hacen que no sienta dolor alguno, sino un leve cosquilleo que apenas logro percibir. A pesar de saber que ese corte puede ser dañino siento una leve curiosidad de ver que ocurriría si... ¡No! Es una idea estúpida e insana... pero, la curiosidad. Además, todo esto parece ser un sueño. Tan irreal.
Arrastrándome entre el agua que entra a montones por la ventana rota me dirijo hacia los restos de vidrio esparcidos por al alfombra. Astillas se entierran en mis manos y rodillas, pero no logran detener mi empecinado recorrido.
Vislumbro un pedazo de vidrio que forma un triangulo casi perfecto. Lo tomo delicadamente y lo observo. Admiro su forma, su suave y apenas perceptible curvatura, su intenso filo y puntiagudo final. Es perfecto para el plan que mi locura ha decidido llevar a cabo.
Arremangándome de mangas acerco el improvisado cuchillo y comienzo la operación. Primero la izquierda y luego la derecha. La sangre brota rápidamente y mancha la ya arruinada alfombra con manchas rojas por todos lados.
Me pongo de pie y lentamente me dirijo al sofá donde me dejo caer tumbando el colmado cenicero sobre alguna que otra botella de cerveza vacia y veo el desastre que he armado. Una risa se me escapa mientras siento que las fuerzas se me escapan a medida que el pasan los segundos y se me cierran los ojos.
Antes de caer rendido veo que a lo lejos el Sol se asoma rompiendo la barrera de nubes, como curioso para ver que sucede, ver que tan desesperado puede estar uno...

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tormenta (Lluvia Parte II)

Ya han pasado dos días desde que comenzó. El cielo se enfureció y atacó a la tierra con agua y rayos de cegadora luz azul. Ya no hay caminos o calles, solo ríos artificiales cuyo caudal transporta hojas basura y demás hacia un hambriento desagüe que ingiere todo sin asco ni prejuicios.
El calor de las reuniones familiares dieron paso a la frialdad del encierro. El eterno sentimiento de soledad que puebla las almas de los sobrevivientes y se escuchan constantes pasos por toda la casa en busca de una solución al aburrimiento.
Mi ventana sigue igual, tan mojada y empañada como vaciás las calles. Ya ni los audaces se atreven a salir por miedo a no volver.
El monótono y suave sonido de las gotas chocando sobre el techo es ahora el molesto estruendo de ventanas flojas golpeándose hasta la muerte.
El sol no ha salido en un tiempo, tiene miedo de enfrentar a las nubes, que una vez rosas ahora son negrura total. Farolas iluminan, sin sentido alguno, las desiertas calles, en donde todo es agua y no parece menguar.
Solo nos queda esperar...

Continuará

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lluvia

Las gotas golpean el cristal empañado que me separa del jardín trasero. Las nubes pueblan el cielo y lo tornan de un triste color rosáceo oscuro. En el firmamento, luces incandescentes que golpean la tierra, y vienen pisando les sus talones por azotadores ruidos que demuestran su poder.
Las calles se vacían de gente y solo los más audaces se atreven a salir y enfrentar la tempestad. Lo que de antaño eran caminos se convierten en ríos y pantanos. Las familias se reúnen, para disfrutar la ocasión, y se siente el sabor del mate acompañado del olor a tortas fritas.
En cambio solitarios y pensadores se deleitan con un libro en su cálida morada o, simplemente, se paran de frente a una ventana para ver la lluvia caer...

Continuará