El calor de las reuniones familiares dieron paso a la frialdad del encierro. El eterno sentimiento de soledad que puebla las almas de los sobrevivientes y se escuchan constantes pasos por toda la casa en busca de una solución al aburrimiento.
Mi ventana sigue igual, tan mojada y empañada como vaciás las calles. Ya ni los audaces se atreven a salir por miedo a no volver.
El monótono y suave sonido de las gotas chocando sobre el techo es ahora el molesto estruendo de ventanas flojas golpeándose hasta la muerte.
El sol no ha salido en un tiempo, tiene miedo de enfrentar a las nubes, que una vez rosas ahora son negrura total. Farolas iluminan, sin sentido alguno, las desiertas calles, en donde todo es agua y no parece menguar.
Solo nos queda esperar...
Continuará
No hay comentarios.:
Publicar un comentario