“Solo una vez más, ellos ya están buscándome y es posible que me atrapen si no me muevo rápido hacia otros pagos.”
Asechando en la oscuridad, solo cubierto por las sombras, lo único que lo separaba de su presa, su tan deseada presa. Hacia ya unos días que la había estado siguiendo, estudiándola, llegando al punto de conocer sus acciones, sus rutinas, llegar a casi conocer a la presa en si.
Aguardando en su escondite, observando como la presa había salido a realizar su caminata rutinaria al costado del río, a pesar del mal tiempo, que amenazaba con una horrible tormenta. El viento soplaba cada vez más fuerte y cortaba con un gélido aliento la piel, pero a pesar de eso, estaba ahí.
Esta presa tenía algo especial, el cazador la había encontrado de casualidad y con solo verla pasar se decidió que hasta que no la tuviera, no lograra cazarla no descansaría, no iría a ningún lado, no haría nada mas. Había quedado encandilado por su piel, de un color tan exótico, por su figura, tan perfecta por donde se la mirara, y por su carne, tan abundante y que con solo verla se anunciaba un dulce sabor en su paladar. Pero además de eso, había algo. Algo mas, escondido debajo de todo esa capa superficial que llamaba al cazador.Lentamente se acercó la presa a la orilla del río y se paro en seco, admirando el sol que se alzaba sobre la oscura y contaminada agua, acciones de los hombres necios hambrientos de dinero y sedientos de poder, hipócritas desalmados.
El cazador observó todo el panorama, la presa inadvertida de su presencia y absorta en sus pensamientos y ningún alma a su alrededor que pudiera atraer su atención y arruinarlo todo. Cautelosamente salió de su escondite y sigilosamente comenzó a acercarse a su objetivo.
Paso a paso la distancia entre el cazador y la presa se fue acortando hasta el punto en que el cazador ya podía oler su perfume, casi podía tocarla, con solo estirar la mano podría…
Ella se dio vuelta repentinamente, desvelándole todos los detalles de su hermosa cara, cada pequeñez que solo se distingue al acercarse hasta casi tocarse. Sus ojos no mostraron temor, no dibujaban ningún sentimiento de pavor o de asomo de estar sorprendida, solo mostraban una firmeza admirable.
Él, inmóvil, quedó estupefacto ante lo ocurrido, no había causado el menor ruido, estaba seguro de eso, ¿entonces por que se había dado vuelta? ¿Habría sabido que él se encontraba ahí? ¿Qué la estaba siguiendo? Solo podía observarla atónito, a corta distancia, mientras ella rápidamente, en lo que parecían unas 2 o 3 horas, buscaba algo en su bolso para luego atacarlo en sus globos oculares. Gas pimienta.
Llevó sus manos a su cara, en la zona atacada, en un acto reflejo, un intento fallido de protegerse, de evitar el dolor. Sus piernas comenzaron a fallar, lo llevaron hacia la izquierda, luego a la derecha para terminar tendido en el piso escuchando…
-Hola policía, es urgente…-
Lo habían atrapado, a él, el cazado había sido… cazado. Había caído en la trampa y ahora estaba condenado.
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