Las calles se vacían de gente y solo los más audaces se atreven a salir y enfrentar la tempestad. Lo que de antaño eran caminos se convierten en ríos y pantanos. Las familias se reúnen, para disfrutar la ocasión, y se siente el sabor del mate acompañado del olor a tortas fritas.
En cambio solitarios y pensadores se deleitan con un libro en su cálida morada o, simplemente, se paran de frente a una ventana para ver la lluvia caer...
Continuará

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