De repente, un sonido lo aturdió y lo hizo volver en si, un camión se acercaba y él se había metido en su carril al quedarse… ¿frío? ¿Cómo el gordo?
Sus manos describieron por reflejo un giro en el volante que por poco arranca a este último de su posición. El Ford resbalando sobre la fina capa de nieve escapó del casi inminente choque con el camión por los pelos, perdiendo algún que otro detalle en la pintura.
Pero su mala suerte solo había comenzado, el frío y la nieve habían congelado el asfalto, haciendo que perdiera el control. Tuvo suerte de no estrellarse de lleno con un árbol al costado del camino, y de solo terminar estancadose en un montón de barro.
No importaba cuanto acelerara, el Ford estaba atrapado, y él varado.
Miró a su costado de reojo, temeroso de ver a su padre de nuevo, pero la aparición se había marchado. No, no había sido una aparición, sino solo una mala pasada de su mente dormida. ¿Cuánto llevaba sin dormir? ¿Cuatro días? Eso era mucho incluso para él.
Bueno, ¿ahora que podía hacer? No podía quedarse ahí, estaba empezando a nevar con más fuerza. Sacó su teléfono, tenía un amigo que le debía un favor. Y este amigo tenía una grúa, bueno, sabría como conseguir una grúa.
“¿Qué mierda quieres Tony? – dijo con una voz somnolienta.
“Billy, me sorprendes. ¿Durmiendo tan temprano?”
“¿Eh? Cállate, acabo de conciliar el sueño desde… bueno, tu sabes que.”
“Si” – dijo cortantemente, envolviéndose en sus pensamientos. Por poco no lo habían logrado, eso había sido algo sobrenatural. Aun no se explicaba como había sucedido, en realidad dudaba mucho sobre lo que realmente había pasado. Aquel maldito encargo, otra razón para empezar a planear su retiro prematuro. Total, tenia dinero suficiente como para vivir tranquilamente por unos cuantos años, pero para no levantar sospechas, seria mejor instalar aquella casa de música con la que había soñado de niño y que manejaría con Ricky. Nunca había logrado aprender a tocar ningún instrumento, pero le encantaban y Ricky había...
“Tony. ¡Tony! ¿Sigues ahí?” – dijo Billy devolviéndolo a la realidad.
“¿Eh? Si, disculpa es que… no importa. Escucha, necesito tu ayuda. ¿Recuerdas tu habilidad para conseguir vehículos en el momento oportuno?
“Es todo un don, ¿no crees?”
“Bueno, necesito que vengas a la Ruta 13, kilómetro, eh… 136 mas o menos… con una grúa.”
“¿Una grúa? ¿De donde carajo quieres que consiga una maldita grúa?”
“No lo se, tu tienes el don, ¿no? Vamos, necesito sacar el Ford, no pienso dejarlo a su suerte”
“¿Tienes un cadáver en el baúl?”
“¿Si te digo que si vendrás para evitar que me congele y dejaras de quejarte?”
“Esta bien, lo haré. Pero recuérdalo para cuando sea yo quien te llame para pedirte que salgas a robar una maldita grúa”
“Eres todo un amigo Billy”
“Y la mierda. Una grúa. ¿De donde consigo una maldita grúa?”
Solo restaba esperar. Billy lo lograría, se quejaría todo el camino e inventaría una historia exagerada de que había tenido que atar a una silla al vigilante del local de auxilios de automotor y amenazarlo con matar a su familia y luego cortarle el miembro. Pero él sabia que, como siempre, habría logrado robar la grúa sin siquiera levantar sospechas. Billy tenia la suerte de que cuando se necesitaba un vehículo, él encontraba siempre uno al que habían dejado con las llaves, o con la ventana entreabierta, o no había nadie cerca, lo que le daba la posibilidad de puentearlo. Incluso contaba que una vez había conseguido un Mercedes luego de coquetear con una mujer mayor y de prometerle volver mas tarde para “agradecerle el favor.”
Lo único que superaba su don para los vehículos era su habilidad para mentir, solo él que lo conocía desde la secundaria se daba cuenta cuando estaba diciendo la verdad y cuando estaba mintiendo. Ya que por mas que a veces lo que contara resultara exagerado, siempre la gente se lo creía. Debía de ser su carisma o algo en su cara, pero mas de una vez habían salido vivos gracias a las mentiras de Billy… o por su don.
Miró su reloj de pulsera, marcaba las 10.30 P.M. Lo que significaba que aun faltaba mucho para que saliera el Sol, y para esa entonces esperaba estar en su casa con la calefacción encendida y el Ford seguro en el garaje.
Solo le restaba esperar a Billy con la bendita grúa. Encendió la radio, pero solo se escuchaba estática. Cambió la estación y solo había estática. Comenzó a pasar por todas las sintonías y solo había estática.
“Vaya, que rara es la música de los jóvenes” – se dijo para sus adentros mientras sonreía.
Bajó del auto y revisó la antena, para ver si la maniobra le había echo algo, pero entonces…
“No es la antena Tony” – dijo una voz infantil a su espalda. La voz hizo que se le erizaran todos los pelos de su cuerpo. Lentamente se dio vuelta, tenía a que verlo para creerlo.
Continuará
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