jueves, 27 de enero de 2011

Mi Droga Favorita

Ha pasado tiempo desde nuestro último encuentro. Serán una semana o dos, aunque para mi fueron como mil años. Sinceramente aún no veo el sentido de esto, esta fatigosa rutina. Yo te busco, me arrastro a ti y a cambio recibo indiferencia total, frialdad pura que congela el corazón.

"Todo el mundo quiere felicidad sin dolor, pero no puedes tener un arco iris sin un poco de lluvia" escuche decir a alguna voz en la multitud. O quizás fue una frase mas de alguna novela mas. Lo que importa es que esta lluvia se esta convirtiendo en un huracán, y dudo que al final del arco iris un duende con oro vaya a encontrar.

Aun así, como con los ojos cerrados me arrastro nuevamente a tus pies. E inhalo tu perfume, mi droga favorita. Una buena dosis para calmar el dolor... por ahora.

viernes, 21 de enero de 2011

22/01 - Aquel pedazo de papel

Aquel pedazo de papel. Aquel borrador que había escrito la noche anterior. Una idea repentina que decidí plasmar en el papel, rompiendo la monótona rutina de escribir a paso de tortuga una novela que no llegaba a ser del todo buena. Quizás solo el principio, pero el resto era deplorable.
Aquella idea, tan pura y repentina, estaba nublando todos mis pensamientos. No podía sacarla de mi cabeza. Era como una droga, algo nuevo para mi, por mas que ya llevara escribiendo, o tratando de hacerlo, por al menos unos veinte años. Para mi escribir lo era todo, lo mas importante para mi. Era mi capsula de escape de la realidad, de mis problemas. Mi refugio. Algunos se ocultaban tras vasos y vasos de cerveza, otros tras mujeres "costosas", detrás de abrigos de piel, o incluso colecciones de miniaturas, modelos a escala, estampillas o lo que sea. Mi refugio es el escribir.
A veces me ensimismo demasiado y me oculto muy profundo en mi cueva y me es difícil salir y volver a la luz natural, volver a ver la realidad. "Todos los excesos son malos." Eso decía mi esposa cuando me enterraba mas de lo saludable. Por diez años me lo dijo, hasta que se dio cuenta que ella no era el amor de mi vida, sino el escribir. Cuando sus ojos poblados de lagrimas descubrieron que guardaba a mis hijos en el cajón superior del escritorio. Entonces, en medio de gritos y llantos, ella juntó sus cosas en su valija y se marchó.
Esa fue una era oscura, llena de soledad y pesadillas vivientes. Una eterna guerra entre la locura y la razón. Una lucha a la que sobreviví gracias a mi refugio y a mis armas, la Underwood sobre todo.
El ambiente de la casa se fue viciando progresivamente con el olor a cigarrillo y a whisky barato hasta impregnar el olor de manera definitiva en todo el lugar, sin importar cuanto tratara mas adelante por quitarlo. Había venido para quedarse. Al igual que mi habilidad para crear cuentos un tanto macabros, me sentía como un Poe a veces. Sacaba provecho de mi situación, mi soledad y el ambiente viciado que había creado. Esto era perfecto para imaginar las mas desquiciadas ideas y plasmarlas en el papel. Aunque últimamente me hubiera decidido, quizás erróneamente, a escribir esa novela. La idea no era mala, pero a medida que iba terminando los capítulos y comenzando uno nuevo veía como la historia perdía su gracia y atractivo, y , al menos para mi, llegaba a ser innecesariamente larga y de una calidad bastante baja. Estaba pensando en volver al primer borrador y dejar la idea en un cuento nada mas, quizás uno un poco mas largo que los demás, pero llegar a ese punto y frenar. Nada de novela por ahora.
Pero ese pedazo de papel. Esa idea voladora que atrapé por los pelos. Ese borrador. Tan puro, tan nuevo, tan refrescante.
Por alguna razón había estado observando el paisaje desde mi ventana, la que estaba ubicada junto a mi escritorio para proveerme de una basta luz natural. Aunque rara vez la abría, el oscuro ambiente de mi precaria oficina me ayudaba a entrar en el oscuro mundo de donde nacían mis cuentos. Desde allí sentado, frente a mi fiel compañera, la Underwood, veía el sol caer lentamente sobre el horizonte. Vi pájaros como manchas fugases que por un instante se interpusieron entre la gran bola de fuego y yo. Unas nubes le daban un tono imperfecto al placido cielo de verano. La ciudad, catorce pisos mas abajo parecía calmada y no emitía casi ruido molesto alguno.
Por primera vez en muchos años me sentí feliz, realmente feliz. Fue entonces cuando apareció, repentinamente como si al doblar una esquina me encontrara con un viejo amigo al cual casi no reconocía por el tiempo de nuestra separación. La idea, aquella bendita idea que atrapé tal mariposa con una red y decidí añadirla a mi colección debido a su extraño color.
Ahora se encontraba ahí frente a mi, elegante sobre su precario y no demasiado fino traje, en su primer borrador.
Bendito pedazo de papel.

miércoles, 19 de enero de 2011

Fuegos de Medianoche (Fuegos de Medianoche Capitulo VI)

Fue sencillo sacar el Ford de su confinamiento accidental. Tampoco fue demasiado complejo tirar la camioneta a un costado del camino un par de kilómetros más al Sur haciendo que pareciera un accidente de conductor borracho. Tan solo para cuando el reloj marcara las 11.40 ya se encontraban ambos personajes en el Ford camino a Capital.
La radio seguía emitiendo solo estática sin importar que estación sintonizara.
Billy alargó la mano y apagó el aparato. Miró a Tony que se encontraba serio, concentrado en el camino (o en algún pensamiento) sin mostrar sentimiento alguno en su rostro pálido y cansado. Estaba pensando en Ricky. Ya habían transcurrido más de diez años de aquel día. Aquella tarde en la que dos pequeños habían decidido escaparse de casa para vivir aventuras, una idea loca que se les ocurre usualmente a los chicos que rondan esa edad. Al crecer mas usualmente la idea de escapar se mantiene pero con fines de alejarse de problemas.
Ese día Ricky y Tony se habían escapado y se refugiaron en la estación de trenes de la tormenta. Era un edificio antiguo, uno de los pocos que habían sobrevivido al gran incendio de la ciudad, según le había comentado su padre. “¿Te han comentado sobre el Gran Incendio de Londres en la escuela? Pues deberían hacerlo. Esto fue algo parecido, solo que aquí no hicieron un monumento por eso.”
Su padre, por un instante le pareció verlo frente a él, en el camino, como un peatón saludándolo, solo que se movía a la velocidad del auto, como si solo fuera una calcomanía en el parabrisas, solo que esta se movía y lentamente se iba consumiendo. Su aspecto se deterioraba, como si estuviera incendiándose con su carne chamuscándose… solo que sin llamas y sin dejar de saludar. Es una imagen enfermiza pero no puede dejar de mirarla, siente que se merece el castigo de verla.
Emitiendo un suspiro Billy dijo de repente -  “¿Hace cuanto que no duermes Tony?”
-“¿Eh?” – dijo sorprendido. La pregunta lo había sacado de sus pensamientos, llevándolo de nuevo a la realidad como un vaso de agua fría por toda la cara. La imagen de su padre ya no está, se esfumó. – “Alguna que otra hora, pero por alguna razón no logro mantener el sueño. Y tampoco he logrado comer mucho” – comentó. Entonces recordó la tarta de naranja de hacía rato, y a la mesera. Se preguntó si el número en la servilleta seguía estando en su bolsillo y si se mantendría legible. Le había parecido simpática y tenia ganas de verla de nuevo. – “¿Y vos Billy? ¿Cómo esta tu situación? Dijiste que habías logrado conciliar el sueño un poco antes que te llamara al rescate” – añadió con una sonrisa forzada en la cara.
-“Ja, maldito hijo de perra. Creo que en estos tres días me gasté una fortuna en pastillas para dormir. He estado probando de todo, cansarme física y psicológicamente, aburrirme hasta el extremo, pero nada. Cada vez que parece que estoy a punto de dormirme… veo imágenes escalofriantes, como unas pesadillas salidas de la enferma cabeza de Stephen King. De esa manera me despierto gritando y sudando, y noto que no transcurrieron ni cinco minutos desde que posé mi cabeza en la almohada” – respondió tornando su cara en una expresión sombría. Durante unos minutos el silencio se hizo presente siendo interrumpido por el continuo ronroneo del motor sobre la carretera.
Tony estaba sorprendido, al parecer él no era el único que estaba viendo cosas, aunque sus pesadillas lo atacaban mientras estaba despierto. Además Billy había mencionado que veía imágenes, mientras que a él se le presentaban personajes de su pasado.
El brujo.
-“Esas imágenes que ves…” – comenzó tímidamente Tony – “¿podrías describirme una?”
El comentario lo tomó por sorpresa a Billy, quien se estaba concentrando en dormir un poco, eran unos minutos hasta Capital pero con tal de dormir algo. – “¿Para que quieres saber?” – preguntó como un niño que no quiere prestar su juguete favorito a menos que le den una muy buena razón para hacerlo.
-“Tengo curiosidad” – respondió tranquilamente sin dejar de mirar el camino. Quería parecer despreocupado, pero en realidad por dentro estaba muy nervioso. No quería que otro fantasma se le apareciera y esta vez la suerte no estuviera de su lado y acabaran estampillados contra un camión o una pared.
-“Maldición” – replicó Billy con un aire somnoliento. – “Te las describiré un poco, para que te hagas una idea. No son siempre iguales y tampoco recuerdo todas. En fin, al dormirme tengo estas… “visiones” se podría decir. Veo rayos y monstruos. Veo cuerpos mutilados y una oscuridad total que me absorbe. Entonces me despierto. Es mas o menos el mismo sueño, solo que varían unos detalles” – dijo Billy y añadió como punto final. – “¿Contento Freud?”
-“Interesante. Una cosa mas, ¿estas pesadillas comenzaron a presentarse después del encargo que nos dio el jefe hace unos días?”
-“En realidad no, la primer noche solo sufrí insomnio. Estas pesadillas se presentaron al día siguiente.”
Entonces el silencio dentro del auto hizo presencia nuevamente acompañado esta vez por el sonido del viento chocando contra las ventanillas, al parecer se avecinaba una tormenta.
Nuevamente fue Billy quien rompió el silencio diciendo: - “También he visto al brujo en mis pesadillas, diciendo que cobrará venganza por su muerte.”
Tony quedó helado. Realmente era el brujo, no cabía duda alguna.
Tony no era de aquellos que cuentan sus secretos o sus problemas personales a cualquiera. Es mas, Billy era su mejor amigo y jamás le había contado nada, nada aparte de los típicos temas que se abordan cuando dos amigos de la vida y compañeros de trabajo se toman un día para sentarse a tomar un cajón de cervezas y ver el partido. A Tony le gustaba mantener lo privado en privado. Por lo tanto Billy no sabía mucho de su pasado, no sabía nada de Ricky y mucho menos de su padre.
Pero era momento de hablar. Y con voz seca y dejan traslucir toda su preocupación emitió seis palabras que estaban pesándole por dentro como una tonelada de piedras -“Yo también he estado viendo cosas.”


-“¿Entonces vos me viste ahí parado junto a Ri… al niño? ¿Presentiste que estaba en peligro?” – preguntó Tony sorprendido.
-“No se como ocurrió, pero pude verte como si estuvieras a solo unos metros de mi.”
-“Vaya… bueno. Tenemos que hacer algo al respecto. Antes de lo de la caída y la pesadilla, el niño me dijo que el brujo lo había enviado para advertirnos y salvarnos.”
-“No creo que el brujo nos de oportunidad de salvarnos. No con ese adelanto que te dio.”
-“Entonces ¿quien lo haría?” – entonces parado en la nieve se encontraba Ricky saludando, como unos minutos antes lo había hecho su padre. – “¿Ves eso?” – preguntó Tony casi sin aliento, como si la visión de Ricky en la nieve, que comenzaba a crecer en altura, le helara la sangre hasta dejarlo sin poder hablar.
-“Veo algo, ¿es el niño de mi visión? ¿Pero que demonios?”
Entonces la imagen de Ricky sufrió un cambio. Su cuerpo literalmente se dividió a la altura del estomago, su brazo izquierda se dobló en una forma humanamente imposible mientras que su brazo derecho seguía saludando con el mismo entusiasmo. Su rostro, hasta entonces sereno y sin expresión se torno en una mueca de dolor extraordinario. Esta imagen realmente heló la sangre de Tony, petrificándolo como una estatua asustada y boquiabierta.
Billy siguió un camino parecido, solo que él en lugar de quedarse duro como una estatua viviente en pleno intento de conseguir monedas para poder comer, se inclinó hacia delante y largó sobre la alfombra de terciopelo del Ford su cena y parte de su almuerzo.
De repente la figura de Ricky se esfumó como si el viento de la tormenta se lo llevara, limpiando el desastre. En su lugar el cristal del parabrisas comenzó a escarcharse en los bordes y a empañarse en todo el centro, nublando la visión de Tony. Rápidamente se dibujaron unas palabras que se encargaron de hacer que a Billy se le ericen los pelos de la nuca y que Tony salga de su estado de shock: “No escaparan por mas rápido que traten de huir.”
Sin poder hacer nada al respecto Tony sintió que el pedal del acelerador se pisaba a fondo, un instante después sintió que se soltaba y se movía el embrague, la palanca de cambios se movía como dirigida a golpes duros y luego volvía a irse a fondo el acelerador. Esto se repitió unas tres veces, ya que Tony iba manejando lentamente por la nieve, pero solo fue en una cuestión de no más de medio minuto. El coche comenzó a moverse a una velocidad extremadamente veloz, y no tardó en resbalar para los costados perdiendo el control.
A pesar de los intentos de Tony de recuperar el mando del vehículo pisando a fondo el pedal del freno, este parecía no responder a sus ordenes. El freno de mano tampoco surgió efecto alguno.
Los cristales del Ford estaban completamente congelados haciendo nula la visión de sus pasajeros. Entonces un leve sonido captó la atención de Tony.
-“Debes devolver su cuerpo a tierra santa, es la única manera”- un susurro inundado de lamento le llegó apenas al oído. Era la voz de su padre. Entonces se dio cuenta, había sido él, como un ángel guardián, tratando de protegerlo. – “Debes hacerlo Tony, o no habrá un buen final para ti” – dijo nuevamente en un susurro penoso pero que lentamente se fue perdiendo en el aire, o al menos eso le pareció a Tony.
En realidad todo el acto final ocurrió en no más de un minuto, solo que el miedo y el estrés, sin mencionar el hecho de que los muertos cobraran vida  lo estaban llevando camino a la locura.
Mientras tanto Billy peleaba desesperadamente por abrir una abertura en el hielo de los cristales para ver el camino que seguía el coche endemoniado. Ya había tratado de abrir la ventanilla correspondiente a su asiento descubriendo que le era imposible, ya que la manivela se encontraba trabada y no cedía por más fuerza bruta que le aplicara.
El vehiculo iba ganando cada vez mas velocidad, derrapando para izquierda y luego para derecha, pero manteniendo el curso hacia delante.
Entonces Tony no necesitó seguir forcejeando con el efecto paranormal que había atacado al vehículo, ya que este ultimo hizo un giro de 90° a una velocidad que habría sacado chispas a todos los radares de carretera. Ambos pasajeros sintieron como la gravedad se invertía. Vieron como sus cuerpos eran atraídos hacia abajo, ya que ellos estaban de cabeza. Y para culminar el espectáculo el cristal congelado del parabrisas se rompió en miles de millones de pequeños cristales camicaces volando en todas direcciones.
Eso fue lo último que vieron Tony y Billy cuando se cubrían instintivamente la cara con los brazos. Sintieron a los pequeños y filosos camicaces chocar contra sus brazos, escucharon el sonido del metal chocando y doblándose. Capaz desde un punto de vista distinto la escena les habría emocionado, si ellos no hubieran sido los pasajeros sino unos casuales espectadores. Incluso les podría recordar a alguna escena de película de acción. Pero todo es distinto cuando te ocurre a ti, a veces no le ves la gracia.
El coche se arrastró por un par de metros sobre el asfalto y luego se dejó salir del camino para entrar en el manto de nieve al costado. Su recorrido acabó cuando un árbol se interpuso en su camino, y con un golpe seco lo detuvo.
Sin embargo no habían acabado las sorpresas que tenía preparadas el coche. Mientras sus ocupantes se encontraban atrapados dentro, quizás inconscientes, del motor comenzó a nacer un pequeño cuerpo de color anaranjado bailando al compás del viento. Al mismo momento en algún otro lugar se dejaron escuchar doce campanadas marcando el final y el comienzo de un nuevo día.

Fin de "Fuegos de Medianoche"

sábado, 15 de enero de 2011

Inocente


Y me encuentro aquí, con la pistola en mi mano y sangre sobre mi camisa. El cuerpo inerte me mira con sus ojos profundos como acusándome. Pero yo soy inocente, fue solo un accidente. Él había llegado con un maletín forrado en cuero negro con un seguro de combinación de tres dígitos. Parecía todo un empresario vestido con ese atuendo tan formal de una manera tan pulcra que parecía que su ropa no podía arrugarse.
Mi hermano me miró con cara de reproche y me mandó a mi habitación a ocuparme de mis asuntos. Con la cabeza baja y refunfuñando entre dientes obedecí. Desde que papá y mamá no estaban, mi hermano era el jefe en casa. Y lo que ordenara se debía cumplir.
Pero no había mencionado nada sobre apoyarse en la puerta y escuchar “accidentalmente” de que hablaban en la sala.
Mi hermano mencionó algo sobre ventas y competencias en las zonas sur y oeste. Eso me pareció raro dado que mi hermano decía que trabajaba en un bar de un amigo a unos kilómetros de casa. Nunca lo había visto ahí, pero eso era porque yo no era de frecuentar esos lugares, además de que mi hermano me había prohibido siquiera pensar en acercármele. El recién llegado dijo con voz tranquila que se encargaría de las dificultades. Entonces preguntó si era seguro llevar a cabo la transacción conmigo en casa, a lo que mi hermano respondió que no habría problema alguno conmigo ya que había aprendido a obedecerlo, como un perro.
Ese comentario me dolió mucho. Mi hermano comparándome con un perro, me dieron ganas de abrir la puerta de una patada al mas puro estilo cowboy y ensartarle una buena bofetada y mostrarle que no era un animal para tener de mascota. Sabía que a pesar de que me llevara tres años cabía la posibilidad de que le ganara, al menos de chicos una de cada tantas veces yo lograba salir victorioso. Pero mi curiosidad era mayor a mi enojo, además podría vengarme luego y de una forma más segura y menos violenta.
Ambos, mi hermano y el hombre del traje, hablaron durante un par de minutos sobre los distintos distritos de la ciudad y de los consumidores. El amigo de mi hermano nombró un par de veces a algo llamado “El Clan” y que sus intervenciones estaban sacándolo de quicio. Entonces algo extraño sucedió, el hombre del traje preguntó a mi hermano si podía darle una explicación de que las ventas cambiaran tan drásticamente y la competencia interviniera tanto en su territorio siendo que sus propios empleados no le habían dicho lo mismo. Oí a mi hermano ponerse de pie arrojando la silla al suelo y comenzar a gritarle al misterioso personaje que era un atrevimiento de su parte hurgar en asuntos que no eran de su incumbencia. Logré captar que el otro personaje se levantó de su silla, aunque mas calmadamente, y respondió que todo lo que hicieran en nombre del jefe era asunto suyo como su hijo y segundo al mando. Entonces, deduciendo por lo que escuché y mas tarde aprecié con mis ojos, mi hermano se abalanzó sobre el otro y tras forcejear un poco los dos, tumbando la botella de cerveza que mi hermano había estado tomando, escuché un sonido aturdido que pareció rasgar mis tímpanos… y también la carne de mi hermano.
Sin darle tiempo al hombre del maletín para reparar en mí presencia, ni a mi sentido común en entrar en acción, abrí la puerta de mi habitación y me lancé como fiera salvaje a mi objetivo. Lo tomé desprevenido, se había olvidado de mí. En medio del forcejeo se dejó oír de nuevo aquel sonido aturdidor y desgarrante, y el visitante cayó secamente sobre mi como un borracho buscando apoyo en un amigo para luego acabar en el suelo. Mirando mis manos descubrí el revolver, y al posar respirar y observar mí alrededor pude ver dos cadáveres sobre la alfombra y a su lado un maletín abierto y unas bolsas de polvo blanco esparcidas alrededor. Entonces otro sonido, como un aullido, entró en escena acercándose rápidamente. Una sirena de policía.
Y me encuentro aquí, con la pistola en mi mano y sangre sobre mi camisa. El cuerpo inerte me mira con sus ojos profundos como acusándome. Pero yo soy inocente, fue solo un accidente. Miro la ventana…  la salida de emergencias. Nadie me creerá. Huyo.

martes, 11 de enero de 2011

¿Realidad o locura? (Fuegos de Medianoche: Capitulo V)

Al principio no pudo asegurar si estaba despierto o no, si habia logrado escapar de la pesadilla. Sus ojos solo encontraron oscuridad. Luego, girándose para la izquierda pudo vislumbrar las luces del Ford. Su corazón latía desenfrenadamente y su respiración agitada seguía el enfermizo ritmo del órgano. Se dejo caer nuevamente en la nieve, respirando tranquilamente para calmarse un poco. Ya había pasado, había logrado escapar.
“Ricky.”
Observando rápidamente a su alrededor se encontró en plena soledad. Se puso de pie y se sacudió la nieve de encima. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Antes de poder contestar esa pregunta su teléfono comenzó a sonar, emitiendo el inconfundible sonido de la guitarra de Slash. Así que había sido su teléfono lo que lo habia arrancado de las garras de la bestia.
“Ja, salvado por la campana.”
Abrió el teléfono y contestó la llamada.

-“Billy. ¿Qué sucede? ¿Has conseguido la grúa?” – dijo aparentando calma, este asunto de los fantasmas seria mejor guardárselo, no quería parecer un loco.
-“Tony, ¿estas bien?” – contestó con una voz embriagada de preocupación.
-“Si. ¿Cómo no habría de estarlo? Solo he estado esperando que vengas, ni que hubiera muchos peligros en la banquina de una ruta pequeña en medio de la nada” – mintió despreocupadamente. – “¿Por qué lo dices Billy?”
-“Por nada Tony, tuve… un mal presentimiento, ya sabes esas corazonadas que te dan escalofríos.”
-“No hay nada de que preocuparse” – dijo con un tono tranquilizador que no era muy común en él. – “Ahora mueve el culo hacia aquí que me congelo” – añadió con un tono entre severo y cómico.
Una broma para matar los nervios.
-“Señor, si señor” – contestó Billy en un tono similar.

Tony vivió una hora bastante aburrida. Sentado en el Ford con la calefacción funcionando de a ratos y la radio que seguía transmitiendo solo estática. La nieve iba poblando lentamente la carretera, llenándola de un blanco intenso. De la misma manera se iba poblando la cabeza de Tony con pensamientos.
¿Había sido real o solo una mala pasada de su mente? ¿Realmente había visto a todas esas figuras de su pasado? Ricky. Su padre.
Había leído un artículo sobre que el insomnio en los seres humanos llevaba a una fatiga mental que causaba alucinaciones.
“Ja, casi no has dormido en tres días Tony. ¿Qué esperabas?”
Según el artículo estas alucinaciones eran como una “alerta” de la mente de que necesitaba dormir. Era así como la luz amarilla, en caso de llegar a la luz roja ocurría lo peor…

Billy

Mientras tanto Billy se las había ingeniado para conseguir una alternativa a la grúa. La única manera que conocía para hacerse con una era entrar a terrenos gubernamentales y no valía la pena jugarse el cuello por eso. Si lo descubrían por allanamiento, como le habia ocurrido a Al Capone, le esperaría un larga estadía en prisión. No creía que sus amigos los agentes se tomaran la molestia de darle una mano para ir en busca de Tony. Mucho menos siendo tan cordial su relación con ellos, bueno, aquellos a los que no les daban algún que otro “incentivo.” Por lo tanto al ver la camioneta se le ocurrió que eso bastaría.
Solo tuvo que usar su ganzúa especial para abrir la puerta del conductor, solo tomó unos tres segundos como mucho. Luego cortar un cable aquí, otro aquí, juntarlos y ¡gualá!
La carretera se estaba llenando de un ascendente colchón blanco. Eso podría traer problemas. Bah, ya se encargarían. Ahora había que centrarse en sacar el Ford de Tony y deshacerse de la camioneta antes que la reportaran a los amigos agentes.
Miró su reloj, eran las 11 en punto y ya parecía entrada la noche. El cansancio lo estaba matando.
“¿Había sido real todo aquello que había visto? Tony, el niño. Tony trataba de sonar calmado pero yo lo conozco lo suficiente para saber cuando esta actuando, nunca fue del todo bueno en eso por más que siempre le gustó.”
Le esperaba un tramo antes de poder preguntarle que había ocurrido, el porque no le había contestado la primer llamada por mas que sonó hasta el doceavo tono. Y en cambio al llamarlo de nuevo atendió casi al instante. Era raro ya de por sí que Tony contestara después del tercer tono.
De lo único de lo que estaba seguro era que algo habia pasado unos minutos atrás. Él había visto algo, y la jaqueca estaba de testigo, y además Tony le ocultaba algo. Pero ¿que había ocurrido? Y lo más importante ¿a que se debía? ¿Era consecuencia del estar desvelado tanto tiempo el asunto de la “visión”? ¿Cómo podía estar seguro de que fuera real lo que había visto? ¿Y si su mente se estaba viniendo abajo? Una camisa de fuerza parecía un final inesperado para él y capaz fuera peor que una vida entre rejas, al menos ahí podría tener algo más de libertad. Al menos podría interactuar con sus “compañeros” ahí.
Aun así, le seguía pareciendo que era mejor aspirar a algo más grande, como unas propiedades en algún lugar paradisiaco en el caribe para su retiro.
Ya podía ver a lo lejos los faros del Ford en medio de la nada, como dos ojos observadores.
El reloj marcaba las 11.20.

Continuará

lunes, 3 de enero de 2011

21/01 - Metralla de ideas.

"¡Ahí va! ¡Atrápala!"
Como una escurridiza mosca dibujando círculos en el aire, haciendo piruetas a diestra y siniestra, yendo hacia lo más alto para luego descender en picada y a último segundo volver a emprender el vuelo, la idea se escapaba del alcance de mi mente. Apenas un instante atrás se había posado sobre mi imaginación el tiempo suficiente para reconocerla, pero no el necesario para memorizarla.
Debía atraparla, utilizar mis mejores armas de caza. La Parker. Luego me encargaría de plasmarla de manera más legible con la Underwood.
Los trazos toscos y casi ilegibles para ojos ajenos a los míos fueron formando la idea. La revoloteante idea fue quedando atrapada en el papel, en un punto medio al que llamamos borrador. Un intermediario entre la idea en estado puro y la inmortalización de la misma.
Dejo el papel lleno de garabatos azules a un lado. Fascinado por la idea mi mente comienza a poblarse de historias, personajes, lugares, sucesos. Mi cabeza es un infinito mundo cuando quiere. Y a veces es un profundo mar de nada.
Tomo la Underwood y aprovecho que el motor ya esta marchando. Tipeando con un monótono ritmo tal el de metralleta de guerra, rápido e incesante. Me detengo, me tomo mi tiempo para recargar el arma de la expresión y vuelvo al ataque.
De vez en cuando una hoja se arruga y termina en el cesto de la basura, el cual va llenando su estomago poco a poco. Veo desde mi venta como el sol se va poniendo lentamente y le da paso a las penumbras. El cenicero se va llenando de colillas a pesar de que prometí luchar contra el hábito.
De cada diez hojas escritas solo dos o tres pasan la prueba y van a reposar en la ordenada pila a mi derecha. Modestamente va creciendo, pero no tanto como crece el desorden alrededor del ya rebalsado cesto de basura. Y a pesar de que todo parece haber comenzado hace tan solo unos segundos cuando atrapé esa idea en el primer borrador con la Parker, los sonidos de metralleta han estado sonando por varias horas, aunque yo no los note debido a que ya son parte de mí. El caluroso día dio paso a la oscura noche, en la cual la única luz son las estrellas que observan todos nuestros movimientos.
De repente, tan repentinamente como todo empezó, la artillería calla. Me retiro un poco del escritorio cómodamente y disfruto de mi ultimo cigarrillo. Ahogo la colilla en el cementerio junto a sus compañeros y retiro la hoja de la boca de la Underwood. Acomodo tranquilamente la pila de hojas y la abrocho para evitar que se traspapelen. Abro el cajón donde la dejo junto a varias otras pilas similares, algunas soberbiamente altas y otras que solo están conformadas por un par de papeles. Doble vuelta de llave y me levanto.
Perezosamente me alejo del escritorio en busca de algo para comer, estoy agotado. Al llegar al umbral de la puerta miro sobre mi hombro y veo el cesto de basura que parece haber vomitado la mitad de su comida.
"Otro día normal en la oficina."