lunes, 3 de enero de 2011

21/01 - Metralla de ideas.

"¡Ahí va! ¡Atrápala!"
Como una escurridiza mosca dibujando círculos en el aire, haciendo piruetas a diestra y siniestra, yendo hacia lo más alto para luego descender en picada y a último segundo volver a emprender el vuelo, la idea se escapaba del alcance de mi mente. Apenas un instante atrás se había posado sobre mi imaginación el tiempo suficiente para reconocerla, pero no el necesario para memorizarla.
Debía atraparla, utilizar mis mejores armas de caza. La Parker. Luego me encargaría de plasmarla de manera más legible con la Underwood.
Los trazos toscos y casi ilegibles para ojos ajenos a los míos fueron formando la idea. La revoloteante idea fue quedando atrapada en el papel, en un punto medio al que llamamos borrador. Un intermediario entre la idea en estado puro y la inmortalización de la misma.
Dejo el papel lleno de garabatos azules a un lado. Fascinado por la idea mi mente comienza a poblarse de historias, personajes, lugares, sucesos. Mi cabeza es un infinito mundo cuando quiere. Y a veces es un profundo mar de nada.
Tomo la Underwood y aprovecho que el motor ya esta marchando. Tipeando con un monótono ritmo tal el de metralleta de guerra, rápido e incesante. Me detengo, me tomo mi tiempo para recargar el arma de la expresión y vuelvo al ataque.
De vez en cuando una hoja se arruga y termina en el cesto de la basura, el cual va llenando su estomago poco a poco. Veo desde mi venta como el sol se va poniendo lentamente y le da paso a las penumbras. El cenicero se va llenando de colillas a pesar de que prometí luchar contra el hábito.
De cada diez hojas escritas solo dos o tres pasan la prueba y van a reposar en la ordenada pila a mi derecha. Modestamente va creciendo, pero no tanto como crece el desorden alrededor del ya rebalsado cesto de basura. Y a pesar de que todo parece haber comenzado hace tan solo unos segundos cuando atrapé esa idea en el primer borrador con la Parker, los sonidos de metralleta han estado sonando por varias horas, aunque yo no los note debido a que ya son parte de mí. El caluroso día dio paso a la oscura noche, en la cual la única luz son las estrellas que observan todos nuestros movimientos.
De repente, tan repentinamente como todo empezó, la artillería calla. Me retiro un poco del escritorio cómodamente y disfruto de mi ultimo cigarrillo. Ahogo la colilla en el cementerio junto a sus compañeros y retiro la hoja de la boca de la Underwood. Acomodo tranquilamente la pila de hojas y la abrocho para evitar que se traspapelen. Abro el cajón donde la dejo junto a varias otras pilas similares, algunas soberbiamente altas y otras que solo están conformadas por un par de papeles. Doble vuelta de llave y me levanto.
Perezosamente me alejo del escritorio en busca de algo para comer, estoy agotado. Al llegar al umbral de la puerta miro sobre mi hombro y veo el cesto de basura que parece haber vomitado la mitad de su comida.
"Otro día normal en la oficina."

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