Al principio no pudo asegurar si estaba despierto o no, si habia logrado escapar de la pesadilla. Sus ojos solo encontraron oscuridad. Luego, girándose para la izquierda pudo vislumbrar las luces del Ford. Su corazón latía desenfrenadamente y su respiración agitada seguía el enfermizo ritmo del órgano. Se dejo caer nuevamente en la nieve, respirando tranquilamente para calmarse un poco. Ya había pasado, había logrado escapar.
“Ricky.”
Observando rápidamente a su alrededor se encontró en plena soledad. Se puso de pie y se sacudió la nieve de encima. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Antes de poder contestar esa pregunta su teléfono comenzó a sonar, emitiendo el inconfundible sonido de la guitarra de Slash. Así que había sido su teléfono lo que lo habia arrancado de las garras de la bestia.
“Ja, salvado por la campana.”
Abrió el teléfono y contestó la llamada.
-“Billy. ¿Qué sucede? ¿Has conseguido la grúa?” – dijo aparentando calma, este asunto de los fantasmas seria mejor guardárselo, no quería parecer un loco.
-“Tony, ¿estas bien?” – contestó con una voz embriagada de preocupación.
-“Si. ¿Cómo no habría de estarlo? Solo he estado esperando que vengas, ni que hubiera muchos peligros en la banquina de una ruta pequeña en medio de la nada” – mintió despreocupadamente. – “¿Por qué lo dices Billy?”
-“Por nada Tony, tuve… un mal presentimiento, ya sabes esas corazonadas que te dan escalofríos.”
-“No hay nada de que preocuparse” – dijo con un tono tranquilizador que no era muy común en él. – “Ahora mueve el culo hacia aquí que me congelo” – añadió con un tono entre severo y cómico.
Una broma para matar los nervios.
-“Señor, si señor” – contestó Billy en un tono similar.
Tony vivió una hora bastante aburrida. Sentado en el Ford con la calefacción funcionando de a ratos y la radio que seguía transmitiendo solo estática. La nieve iba poblando lentamente la carretera, llenándola de un blanco intenso. De la misma manera se iba poblando la cabeza de Tony con pensamientos.
¿Había sido real o solo una mala pasada de su mente? ¿Realmente había visto a todas esas figuras de su pasado? Ricky. Su padre.
Había leído un artículo sobre que el insomnio en los seres humanos llevaba a una fatiga mental que causaba alucinaciones.
“Ja, casi no has dormido en tres días Tony. ¿Qué esperabas?”
Según el artículo estas alucinaciones eran como una “alerta” de la mente de que necesitaba dormir. Era así como la luz amarilla, en caso de llegar a la luz roja ocurría lo peor…
Billy
Mientras tanto Billy se las había ingeniado para conseguir una alternativa a la grúa. La única manera que conocía para hacerse con una era entrar a terrenos gubernamentales y no valía la pena jugarse el cuello por eso. Si lo descubrían por allanamiento, como le habia ocurrido a Al Capone, le esperaría un larga estadía en prisión. No creía que sus amigos los agentes se tomaran la molestia de darle una mano para ir en busca de Tony. Mucho menos siendo tan cordial su relación con ellos, bueno, aquellos a los que no les daban algún que otro “incentivo.” Por lo tanto al ver la camioneta se le ocurrió que eso bastaría.
Solo tuvo que usar su ganzúa especial para abrir la puerta del conductor, solo tomó unos tres segundos como mucho. Luego cortar un cable aquí, otro aquí, juntarlos y ¡gualá!
La carretera se estaba llenando de un ascendente colchón blanco. Eso podría traer problemas. Bah, ya se encargarían. Ahora había que centrarse en sacar el Ford de Tony y deshacerse de la camioneta antes que la reportaran a los amigos agentes.
Miró su reloj, eran las 11 en punto y ya parecía entrada la noche. El cansancio lo estaba matando.
“¿Había sido real todo aquello que había visto? Tony, el niño. Tony trataba de sonar calmado pero yo lo conozco lo suficiente para saber cuando esta actuando, nunca fue del todo bueno en eso por más que siempre le gustó.”
Le esperaba un tramo antes de poder preguntarle que había ocurrido, el porque no le había contestado la primer llamada por mas que sonó hasta el doceavo tono. Y en cambio al llamarlo de nuevo atendió casi al instante. Era raro ya de por sí que Tony contestara después del tercer tono.
De lo único de lo que estaba seguro era que algo habia pasado unos minutos atrás. Él había visto algo, y la jaqueca estaba de testigo, y además Tony le ocultaba algo. Pero ¿que había ocurrido? Y lo más importante ¿a que se debía? ¿Era consecuencia del estar desvelado tanto tiempo el asunto de la “visión”? ¿Cómo podía estar seguro de que fuera real lo que había visto? ¿Y si su mente se estaba viniendo abajo? Una camisa de fuerza parecía un final inesperado para él y capaz fuera peor que una vida entre rejas, al menos ahí podría tener algo más de libertad. Al menos podría interactuar con sus “compañeros” ahí.
Aun así, le seguía pareciendo que era mejor aspirar a algo más grande, como unas propiedades en algún lugar paradisiaco en el caribe para su retiro.
Ya podía ver a lo lejos los faros del Ford en medio de la nada, como dos ojos observadores.
El reloj marcaba las 11.20.
Continuará
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