sábado, 15 de enero de 2011

Inocente


Y me encuentro aquí, con la pistola en mi mano y sangre sobre mi camisa. El cuerpo inerte me mira con sus ojos profundos como acusándome. Pero yo soy inocente, fue solo un accidente. Él había llegado con un maletín forrado en cuero negro con un seguro de combinación de tres dígitos. Parecía todo un empresario vestido con ese atuendo tan formal de una manera tan pulcra que parecía que su ropa no podía arrugarse.
Mi hermano me miró con cara de reproche y me mandó a mi habitación a ocuparme de mis asuntos. Con la cabeza baja y refunfuñando entre dientes obedecí. Desde que papá y mamá no estaban, mi hermano era el jefe en casa. Y lo que ordenara se debía cumplir.
Pero no había mencionado nada sobre apoyarse en la puerta y escuchar “accidentalmente” de que hablaban en la sala.
Mi hermano mencionó algo sobre ventas y competencias en las zonas sur y oeste. Eso me pareció raro dado que mi hermano decía que trabajaba en un bar de un amigo a unos kilómetros de casa. Nunca lo había visto ahí, pero eso era porque yo no era de frecuentar esos lugares, además de que mi hermano me había prohibido siquiera pensar en acercármele. El recién llegado dijo con voz tranquila que se encargaría de las dificultades. Entonces preguntó si era seguro llevar a cabo la transacción conmigo en casa, a lo que mi hermano respondió que no habría problema alguno conmigo ya que había aprendido a obedecerlo, como un perro.
Ese comentario me dolió mucho. Mi hermano comparándome con un perro, me dieron ganas de abrir la puerta de una patada al mas puro estilo cowboy y ensartarle una buena bofetada y mostrarle que no era un animal para tener de mascota. Sabía que a pesar de que me llevara tres años cabía la posibilidad de que le ganara, al menos de chicos una de cada tantas veces yo lograba salir victorioso. Pero mi curiosidad era mayor a mi enojo, además podría vengarme luego y de una forma más segura y menos violenta.
Ambos, mi hermano y el hombre del traje, hablaron durante un par de minutos sobre los distintos distritos de la ciudad y de los consumidores. El amigo de mi hermano nombró un par de veces a algo llamado “El Clan” y que sus intervenciones estaban sacándolo de quicio. Entonces algo extraño sucedió, el hombre del traje preguntó a mi hermano si podía darle una explicación de que las ventas cambiaran tan drásticamente y la competencia interviniera tanto en su territorio siendo que sus propios empleados no le habían dicho lo mismo. Oí a mi hermano ponerse de pie arrojando la silla al suelo y comenzar a gritarle al misterioso personaje que era un atrevimiento de su parte hurgar en asuntos que no eran de su incumbencia. Logré captar que el otro personaje se levantó de su silla, aunque mas calmadamente, y respondió que todo lo que hicieran en nombre del jefe era asunto suyo como su hijo y segundo al mando. Entonces, deduciendo por lo que escuché y mas tarde aprecié con mis ojos, mi hermano se abalanzó sobre el otro y tras forcejear un poco los dos, tumbando la botella de cerveza que mi hermano había estado tomando, escuché un sonido aturdido que pareció rasgar mis tímpanos… y también la carne de mi hermano.
Sin darle tiempo al hombre del maletín para reparar en mí presencia, ni a mi sentido común en entrar en acción, abrí la puerta de mi habitación y me lancé como fiera salvaje a mi objetivo. Lo tomé desprevenido, se había olvidado de mí. En medio del forcejeo se dejó oír de nuevo aquel sonido aturdidor y desgarrante, y el visitante cayó secamente sobre mi como un borracho buscando apoyo en un amigo para luego acabar en el suelo. Mirando mis manos descubrí el revolver, y al posar respirar y observar mí alrededor pude ver dos cadáveres sobre la alfombra y a su lado un maletín abierto y unas bolsas de polvo blanco esparcidas alrededor. Entonces otro sonido, como un aullido, entró en escena acercándose rápidamente. Una sirena de policía.
Y me encuentro aquí, con la pistola en mi mano y sangre sobre mi camisa. El cuerpo inerte me mira con sus ojos profundos como acusándome. Pero yo soy inocente, fue solo un accidente. Miro la ventana…  la salida de emergencias. Nadie me creerá. Huyo.

1 comentario: