sábado, 25 de diciembre de 2010

Ver para Creer (Fuegos de Medianoche: Capitulo III)

Billy

“Una maldita grúa. Así de simple, como si fuera fácil. Maldita sea, justo acababa de reconciliarme con el sueño desde hacía ¿cuánto? ¿Tres o cuatro días? Con insomnio uno pierde paso del tiempo. Yo sabía que el encargo del brujo ese solo podía traer malos resultados. Desde el principio me dio mala espina.”
“Maldita sea Tony, ¿de donde voy a sacar una grúa? Mejor lo llamo y le digo que llame a auxilios del automotor y me deje en paz”
Entonces algo extraño sucedió. Su vista se nubló, sus brazos y piernas parecieron separarse de su cuerpo, en el sentido de que dejó de sentirlos. Se sintió mareado y luego no sintió nada más, solo podía ver. Pero era como ver a través del agua, había un eterno movimiento que difuminaba las cosas.
Pudo ver a Tony, lo vio parado junto a su Ford, junto a él había un niño de cabellos rubios y despeinados vistiendo tan solo una camiseta y unos pantalones cortos agarrándolo de los hombros y mirándolo fijamente... vio a Tony caer en una oscuridad extremadamente profunda, vio fuego y serpientes, y en el medio de todo eso vio al brujo observando el sufrimiento de Tony con una sonrisa dibujada en su demacrado rostro. Entonces la imagen se difuminó completamente y volvió a sentir su cuerpo, volvió a sentir su alrededor y logró escuchar los gritos que estaba emitiendo. Entonces, como un golpe inesperado, tal de boxeador que se duerme en medio de la pelea, sintió que un punzante dolor invadía su cabeza y lo ponía de rodillas.
“¿Pero que mierda ha sido todo eso?”
Un niño, Tony cayendo en el abismo, fuego, serpientes y el maldito brujo. Parecía salido de una de esas pelis de terror baratas. Pero, ¿sería real? ¿Estaría Tony realmente en peligro?
Oh demonios, tenia que hacer algo.
Se puso de pie a duras penas y arrastrándose caminó hasta cruzar la esquina. No quería que saliera un vecino molesto y le montara lío, no en ese momento.
Sacó su teléfono y apretó el número 4 del llamado rápido.
“Vaya Tony, debes de ser un gran amigo. Eres el primero luego de mamá y del jefe. Y estas antes que Las Pizzas de Marco.”
Y emitió una sonrisa irónica mientras escuchaba el tono de marcado, el cual le parecía un tambor en su oído debido a la terrible jaqueca, incomparable a las miles que había tenido como resaca. Esta se llevaba el premio.
-“Vamos Tony contesta.” – dijo suavemente mientras observaba como su aliento se hacia visible en el aire.

Tony

Bajó del auto y revisó la antena, para ver si la maniobra le había echo algo, pero entonces…
-“No es la antena Tony” – dijo una voz infantil a su espalda. La voz hizo que se le erizaran todos los pelos de su cuerpo. Lentamente se dio vuelta, tenía a que verlo para creerlo.
“Imposible. No puede ser él.”
Giró y vio que frente a él se erguía un niño, de unos diez años vistiendo tan solo unos shorts y una camiseta del equipo de fútbol “Los Golpeadores” de Capital, su ciudad natal, la que también había sido la de…
-“¿Ri-Ricky?” - dijo con voz entrecortada mientras sentía que su sangre helaba en sus venas, aun mas que la propia nieve a su alrededor. – “¿Realmente sos vos?”
-“Si Anthony, no esperaba que me recordaras.” – respondió el niño con una voz carente de sentimiento.
-“Anthony. Desde que mi madre murió nadie me llama así” – dijo emitiendo una triste sonrisa.
-“Basta de charla, estoy aquí para darte un mensaje. Vengo a advertirte.” – dijo Ricky cortantemente. – “Debes devolver el cuerpo a tierra sagrada, y debes hacerlo esta noche.”
-“¿El cuerpo? ¿Te refieres a aquel brujo? ¿Y vos que tenés que ver con él?”
-“Él me envió. Él sabía que me escucharías.”
-“¿Y que si no quiero recorrer 80 kilómetros con esta nieve, desenterrar un cuerpo lleno de gusanos para luego viajar otros 80 kilómetros mas para volver a enterrar el cuerpo? ¿No es toda la maldita tierra igual?” – dijo tratando en vano de aparentar valentía.
-“Mírame a los ojos Anthony. Mírame fijo. Esto es lo que sucederá si no lo haces.” – dijo cambiando su chillona voz de niño de 10 años a una de ultratumba que le pondría los pelos de punta al mismísimo Lovecraft. – “¡Mírame a los ojos desgraciado!” – y tomándolo de los hombros posó su mirada en los ojos de Tony. Ojos que anteriormente eran de un color celeste y ahora se habían convertido en dos pequeñas bolas de fuego que al mirarlas, Tony sintió que caía en un profundo hoyo… un hoyo tan oscuro como el infinito.

Continuará

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