miércoles, 29 de diciembre de 2010

Pesadilla (Fuegos de Medianoche: Capitulo IV)

La casi eterna caída no fue tan mala, a pesar de estar cayendo en plena oscuridad tal como una boca de lobo sin saber cuanto faltaba ni cuanto ya había transcurrido. Sin poder ver nada mas allá que la silueta de su propia nariz. El golpe secó contra el fondo del abismo lo sacó de su aturdimiento, le hizo comprender que eso era real y no una broma de su propia mente.
Se levantó sintiendo humedad y una textura blanda.
“Perfecto, estoy en el fondo de este agujero con el fango hasta los tobillos. ¿Algo más?”
Una tenue luz se encendió, una pequeña llama se encontraba suspendida a unos metros de altura y le permitía ver que se encontraba en un pasillo casi tan largo como había sido de profunda la caída. Las paredes verdes manzana con un tono beige por el paso del tiempo y la humedad le traían recuerdos olvidados… ¿pero en donde las había visto? Los cuadros colgados a ambos lados del pasillo se encontraban como “empañados”, una cortina gris difuminaba sus imágenes.
Dio unos pasos a adelante, el sonido de sus pies chapoteando en un charco cada vez más grande lo hizo observar curiosamente. Entonces, de repente un temblor se dejó sentir haciendo caer los cuadros y perderse en el ahora profundo charco que llegaba a las rodillas.
Una leve brisa invadió el lugar e hizo que la llama flotante dude si apagarse o no, y con sus bruscos movimientos creando fantasmas entre las sombras.
Su corazón latía frenéticamente, se estaba hartando de los fantasmas. Cuando la llama decidió cesar con su baile una figura se encontraba parada junto a él en el infinito pasillo.
El brujo.
Todos los pelos de Tony se irguieron como soldados al saludar a una autoridad de rango mayor. Ahogó un grito de terror en su interior y simuló calma.
-“Se que tienes miedo, por eso te he traído. Para mostrarte lo que te tengo preparado por haberme matado y dejado mi cuerpo en tierra corrompida. Mi alma no puede alejarse al eterno descanso como las mis antepasados, y por lo tanto tu y tu amigo han de sufrir mi ira.” – dijo con una voz ajena a cualquier sentimiento y mirándolo con unos ojos muertos y vacíos. – “Disfruta del espectáculo, pero recuerda, esto es solo un adelanto de lo que te espera.”
Entonces una ráfaga helada como suspiro de muerto sopló, apagando la llama a su paso. En plena oscuridad sintió que se encontraba solo de nuevo pero no tardo en captar el sonido de las chispas saltantes siempre presentes en el momento de quemar madera húmeda.
De repente, la escena se iluminó nuevamente, como si comenzara un nuevo acto en esta desquiciada y absurda obra de teatro. Solo que él se encontraba en escena sin idea del guión. El agua que llegaba hasta sus rodillas se habia esfumado y en su lugar habia dejado un piso de madera bastante precario, otro guiño en sus recuerdos olvidados. Las paredes que hasta hacía un momento mostraban el paso de los años en su color ahora se encontraban en llamas.
El pasillo era como la garganta de un dragón en pleno rugido ardiente… y él en la mismísima traquea, sin saber a donde correr. Echándole un ojo al recién aparecido suelo encontró uno de los cuadros caídos en el agua esfumada. Ahora podía ver con claridad la imagen, ya la había visto antes. En ella se encontraba un joven de cabellos negros alborotados junto a su padre en una comiquísima pose, ambos embarrados hasta las narices.
Él. Su padre.
Miró las paredes ardientes. Su casa de antaño.
“Sabe todo sobre ti. Ahora puede leer tu mente, porque esta en ella. Tienes que escapar Tony. Ricky dijo algo de devolver el cuerpo a tierra sagrada.”
Un extraño susurro a sus espaldas llamó su atención, absorbiendo su atención y sacándolo de sus pensamientos.
“Maldita sea, serpientes. Tony, esta en tu cabeza, conoce todo de ti. Desde tus mas remotos recuerdos, hasta tus mas oscuros secretos. Y eso incluye tus mas profundos miedos… mierda.”
Comenzó a correr, aferrándose fuertemente a la fotografía enmarcada, adentrándose en la garganta ardiente de la bestia que era esa pesadilla.


El pasillo se alargaba infinitamente, y las llamas consumían las paredes en una danza hipnótica haciendo que todo pareciera una alucinación. Pero él sabía que era real lo que estaba ocurriendo, era como si hubiera viajado a una realidad alterna. O como si estuviera soñando y el brujo estuviera jugando a ser Freddy Kruger. La cuestión es que todo lo que le ocurriera en ese lugar sería real.
Ya la caída le dejaría unos cuantos moretones, y la idea de que las serpientes dejaran sus propias marcas no le parecía nada atractiva.


Parecía que ya había estado corriendo por un par de horas, ¿o habían sido solo unos minutos? El tiempo era solo una medida inútil en esa realidad. Lo único que servía saber era que él estaba ahí y las serpientes detrás siguiéndole el paso. Y que mientras se mantuvieran alejadas todo estaría perfectamente, o al menos no se empeoraría más la situación.
Las paredes ya casi completamente consumidas formaban caras que atestiguaban la carrera de Tony. En más de un momento creyó reconocer algunas.
Si, aquel era el idiota que había intentado robarle dinero al jefe para demostrar su valor a una familia rival. Y aquel otro era aquel policía que no quería aceptar un dinero extra a cambio de mantener la boca cerrada. Aquel otro era el bastardo que los había vendido aquella vez en Cuba. Y el de su derecha era Don Canope.
Mil y un caras que observaban sin decir palabra su desesperada e inútil huida. Todos aquellos que él mismo había mandado al infierno (ninguno era santo por mas bueno que aparentara ser, todos tenían sus manchas en el curriculum) estaban presentes. Todos con aquella expresión vacía y muerta, ajena de todo sentimiento.
Entonces el pasillo acabó de repente, arrinconándolo. Miró sobre su hombro, el camino recorrido se inundaba de las serpientes.
“Mierda”
Desesperadamente registró las casi inexistentes paredes en busca de una puerta, una abertura, alguna manera de escapar.
-“No hay manera de escapar de tu destino, hijo.” – dijo la voz muerta de su padre. Tony giró sobre sus pies. – “Y estas destinado a sufrir el castigo de tu crimen.”
El escalofriante silbido se acercaba anunciando la inminente llegada de las serpientes, pero se podía oír algo más. Un sonido ajeno a todo el entorno, algo que desencajaba.
Al principio suave y casi inaudible, pero lentamente se oía mas claramente el armonioso sonido de la guitarra de Sweet Child O’mine.
El fuego a su alrededor se fue apagando, las fantasmagóricas caras en las paredes se difuminaron hasta no ser mas que un vago recuerdo. Las serpientes parecieron perderse en el camino. Toda el pasillo pareció alargarse como un chicle y luego hundirse como el Titanic. Tony salió disparado hacía arriba como bala de cañón, y voló en medio de una abrumante y espesa oscuridad hasta chocar con una pared invisible.
Entonces abrió los ojos.

Continuará

sábado, 25 de diciembre de 2010

Ver para Creer (Fuegos de Medianoche: Capitulo III)

Billy

“Una maldita grúa. Así de simple, como si fuera fácil. Maldita sea, justo acababa de reconciliarme con el sueño desde hacía ¿cuánto? ¿Tres o cuatro días? Con insomnio uno pierde paso del tiempo. Yo sabía que el encargo del brujo ese solo podía traer malos resultados. Desde el principio me dio mala espina.”
“Maldita sea Tony, ¿de donde voy a sacar una grúa? Mejor lo llamo y le digo que llame a auxilios del automotor y me deje en paz”
Entonces algo extraño sucedió. Su vista se nubló, sus brazos y piernas parecieron separarse de su cuerpo, en el sentido de que dejó de sentirlos. Se sintió mareado y luego no sintió nada más, solo podía ver. Pero era como ver a través del agua, había un eterno movimiento que difuminaba las cosas.
Pudo ver a Tony, lo vio parado junto a su Ford, junto a él había un niño de cabellos rubios y despeinados vistiendo tan solo una camiseta y unos pantalones cortos agarrándolo de los hombros y mirándolo fijamente... vio a Tony caer en una oscuridad extremadamente profunda, vio fuego y serpientes, y en el medio de todo eso vio al brujo observando el sufrimiento de Tony con una sonrisa dibujada en su demacrado rostro. Entonces la imagen se difuminó completamente y volvió a sentir su cuerpo, volvió a sentir su alrededor y logró escuchar los gritos que estaba emitiendo. Entonces, como un golpe inesperado, tal de boxeador que se duerme en medio de la pelea, sintió que un punzante dolor invadía su cabeza y lo ponía de rodillas.
“¿Pero que mierda ha sido todo eso?”
Un niño, Tony cayendo en el abismo, fuego, serpientes y el maldito brujo. Parecía salido de una de esas pelis de terror baratas. Pero, ¿sería real? ¿Estaría Tony realmente en peligro?
Oh demonios, tenia que hacer algo.
Se puso de pie a duras penas y arrastrándose caminó hasta cruzar la esquina. No quería que saliera un vecino molesto y le montara lío, no en ese momento.
Sacó su teléfono y apretó el número 4 del llamado rápido.
“Vaya Tony, debes de ser un gran amigo. Eres el primero luego de mamá y del jefe. Y estas antes que Las Pizzas de Marco.”
Y emitió una sonrisa irónica mientras escuchaba el tono de marcado, el cual le parecía un tambor en su oído debido a la terrible jaqueca, incomparable a las miles que había tenido como resaca. Esta se llevaba el premio.
-“Vamos Tony contesta.” – dijo suavemente mientras observaba como su aliento se hacia visible en el aire.

Tony

Bajó del auto y revisó la antena, para ver si la maniobra le había echo algo, pero entonces…
-“No es la antena Tony” – dijo una voz infantil a su espalda. La voz hizo que se le erizaran todos los pelos de su cuerpo. Lentamente se dio vuelta, tenía a que verlo para creerlo.
“Imposible. No puede ser él.”
Giró y vio que frente a él se erguía un niño, de unos diez años vistiendo tan solo unos shorts y una camiseta del equipo de fútbol “Los Golpeadores” de Capital, su ciudad natal, la que también había sido la de…
-“¿Ri-Ricky?” - dijo con voz entrecortada mientras sentía que su sangre helaba en sus venas, aun mas que la propia nieve a su alrededor. – “¿Realmente sos vos?”
-“Si Anthony, no esperaba que me recordaras.” – respondió el niño con una voz carente de sentimiento.
-“Anthony. Desde que mi madre murió nadie me llama así” – dijo emitiendo una triste sonrisa.
-“Basta de charla, estoy aquí para darte un mensaje. Vengo a advertirte.” – dijo Ricky cortantemente. – “Debes devolver el cuerpo a tierra sagrada, y debes hacerlo esta noche.”
-“¿El cuerpo? ¿Te refieres a aquel brujo? ¿Y vos que tenés que ver con él?”
-“Él me envió. Él sabía que me escucharías.”
-“¿Y que si no quiero recorrer 80 kilómetros con esta nieve, desenterrar un cuerpo lleno de gusanos para luego viajar otros 80 kilómetros mas para volver a enterrar el cuerpo? ¿No es toda la maldita tierra igual?” – dijo tratando en vano de aparentar valentía.
-“Mírame a los ojos Anthony. Mírame fijo. Esto es lo que sucederá si no lo haces.” – dijo cambiando su chillona voz de niño de 10 años a una de ultratumba que le pondría los pelos de punta al mismísimo Lovecraft. – “¡Mírame a los ojos desgraciado!” – y tomándolo de los hombros posó su mirada en los ojos de Tony. Ojos que anteriormente eran de un color celeste y ahora se habían convertido en dos pequeñas bolas de fuego que al mirarlas, Tony sintió que caía en un profundo hoyo… un hoyo tan oscuro como el infinito.

Continuará

lunes, 20 de diciembre de 2010

Suerte (Fuegos de Medianoche: Capitulo II)

De repente, un sonido lo aturdió y lo hizo volver en si, un camión se acercaba y él se había metido en su carril al quedarse… ¿frío? ¿Cómo el gordo?
Sus manos describieron por reflejo un giro en el volante que por poco arranca a este último de su posición. El Ford resbalando sobre la fina capa de nieve escapó del casi inminente choque con el camión por los pelos, perdiendo algún que otro detalle en la pintura.
Pero su mala suerte solo había comenzado, el frío y la nieve habían congelado el asfalto, haciendo que perdiera el control. Tuvo suerte de no estrellarse de lleno con un árbol al costado del camino, y de solo terminar estancadose en un montón de barro.
No importaba cuanto acelerara, el Ford estaba atrapado, y él varado.
Miró a su costado de reojo, temeroso de ver a su padre de nuevo, pero la aparición se había marchado. No, no había sido una aparición, sino solo una mala pasada de su mente dormida. ¿Cuánto llevaba sin dormir? ¿Cuatro días? Eso era mucho incluso para él.
Bueno, ¿ahora que podía hacer? No podía quedarse ahí, estaba empezando a nevar con más fuerza. Sacó su teléfono, tenía un amigo que le debía un favor. Y este amigo tenía una grúa, bueno, sabría como conseguir una grúa.

“¿Qué mierda quieres Tony? – dijo con una voz somnolienta.
“Billy, me sorprendes. ¿Durmiendo tan temprano?”
“¿Eh? Cállate, acabo de conciliar el sueño desde… bueno, tu sabes que.”
“Si” – dijo cortantemente, envolviéndose en sus pensamientos. Por poco no lo habían logrado, eso había sido algo sobrenatural. Aun no se explicaba como había sucedido, en realidad dudaba mucho sobre lo que realmente había pasado. Aquel maldito encargo, otra razón para empezar a planear su retiro prematuro. Total, tenia dinero suficiente como para vivir tranquilamente por unos cuantos años, pero para no levantar sospechas, seria mejor instalar aquella casa de música con la que había soñado de niño y que manejaría con Ricky. Nunca había logrado aprender a tocar ningún instrumento, pero le encantaban y Ricky había...
“Tony. ¡Tony! ¿Sigues ahí?” – dijo Billy devolviéndolo a la realidad.
“¿Eh? Si, disculpa es que… no importa. Escucha, necesito tu ayuda. ¿Recuerdas tu habilidad para conseguir vehículos en el momento oportuno?
“Es todo un don, ¿no crees?”
“Bueno, necesito que vengas a la Ruta 13, kilómetro, eh… 136 mas o menos… con una grúa.”
“¿Una grúa? ¿De donde carajo quieres que consiga una maldita grúa?”
“No lo se, tu tienes el don, ¿no? Vamos, necesito sacar el Ford, no pienso dejarlo a su suerte”
“¿Tienes un cadáver en el baúl?”
“¿Si te digo que si vendrás para evitar que me congele y dejaras de quejarte?”
“Esta bien, lo haré. Pero recuérdalo para cuando sea yo quien te llame para pedirte que salgas a robar una maldita grúa”
“Eres todo un amigo Billy”
“Y la mierda. Una grúa. ¿De donde consigo una maldita grúa?”

Solo restaba esperar. Billy lo lograría, se quejaría todo el camino e inventaría una historia exagerada de que había tenido que atar a una silla al vigilante del local de auxilios de automotor y amenazarlo con matar a su familia y luego cortarle el miembro. Pero él sabia que, como siempre, habría logrado robar la grúa sin siquiera levantar sospechas. Billy tenia la suerte de que cuando se necesitaba un vehículo, él encontraba siempre uno al que habían dejado con las llaves, o con la ventana entreabierta, o no había nadie cerca, lo que le daba la posibilidad de puentearlo. Incluso contaba que una vez había conseguido un Mercedes luego de coquetear con una mujer mayor y de prometerle volver mas tarde para “agradecerle el favor.”
Lo único que superaba su don para los vehículos era su habilidad para mentir, solo él que lo conocía desde la secundaria se daba cuenta cuando estaba diciendo la verdad y cuando estaba mintiendo. Ya que por mas que a veces lo que contara resultara exagerado, siempre la gente se lo creía. Debía de ser su carisma o algo en su cara, pero mas de una vez habían salido vivos gracias a las mentiras de Billy… o por su don.
Miró su reloj de pulsera, marcaba las 10.30 P.M. Lo que significaba que aun faltaba mucho para que saliera el Sol, y para esa entonces esperaba estar en su casa con la calefacción encendida y el Ford seguro en el garaje.
Solo le restaba esperar a Billy con la bendita grúa. Encendió la radio, pero solo se escuchaba estática. Cambió la estación y solo había estática. Comenzó a pasar por todas las sintonías y solo había estática.
“Vaya, que rara es la música de los jóvenes” – se dijo para sus adentros mientras sonreía.
Bajó del auto y revisó la antena, para ver si la maniobra le había echo algo, pero entonces…
“No es la antena Tony” – dijo una voz infantil a su espalda. La voz hizo que se le erizaran todos los pelos de su cuerpo. Lentamente se dio vuelta, tenía a que verlo para creerlo.

Continuará

viernes, 17 de diciembre de 2010

Un Frío Trabajo en una Fría Noche (Fuegos de Medianoche: Capitulo I)


El trabajo había sido sencillo, coser y cantar. El gordo había seguido su rutina de fumarse un habano en su terraza del quinto piso observando la fría ciudad descansar en el manto oscuro de la noche, por mas asquerosa mente helada que fuese esta, como solían ser en la ciudad en esa época del año.
Como odiaba el frió calara sus huesos, ¿por qué carajo le habían encargado a él esta misión? ¿Por qué no a un sicario más del montón o a algún asesino de poca monta? No, él había sido elegido por el mismísimo Don, su mano derecha, el dueño de la mitad de los negocios tapaderas de toda la región, señor de más de un millar de cocinas y laboratorios de drogas escondidos en sótanos. ¿Que planeaba el viejo? ¿Serian ciertos los rumores de que su vejez le estaba jugando malas pasadas? ¿O simplemente se quería deshacer de un estorbo?
Pero al parecer el trabajo había sido sencillo. Esperar que el gordo se marchara, subir por la escalera de incendios, forzar la ventana, aflojar unos tornillos en el barandal de la terraza y salir sigilosamente. Así es como se cocina una tortilla de gordo canalla al pavimento señoras y señores. Sin testigos, sin mayores preocupaciones y listo para desayunarlo con una taza de café y un ejemplar del periódico matutino.
Desde el asiento de su antiguo Ford vislumbró todo el espectáculo, la llegada del gordo a su departamento luciendo su desagradable traje blanco aparentando ser alguien moderno. Lo vio saludar al portero, el cual al instante que se marchó el gordo se limpio disimuladamente la mano por el pantalón de vestir. Obviamente tomó el ascensor, su corazón no aguantaría un viaje de ida por la escalera hasta el octavo piso, no sin un par de escalas. Se encendieron las luces del apartamento de lujo, y luego de un par de minutos el gordo se mostró en la terraza, y con todo su esplendor encendió un habano, no aquellos de calidad, sino uno que simulaba con una forma y color de los más ostentosos. Y apoyándose ligeramente en el barandal, sin darle tiempo la dama gravedad de darse cuenta de que algo andaba mal, vio como el paisaje cambiaba de la oscura noche estrellada de luces de neon a un llano y frío asfalto que se acercaba frenéticamente.

El portero, que hacía no más de diez minutos lo había saludado, vio como el gordo dejaba su mancha de paso en toda la acera del hotel cuatro estrellas. Sin duda seria todo un trabajo volver a dejar presentable el lugar luego de tremendo espectáculo. Por casi un instante sintió pena por él, pero sabia que el muy bastardo andaba metido en cosas sucias, narcóticos, y que a pesar de ser humano en el exterior, por dentro solo era un montón de escoria.
Al finalizar todo, luego de que llegaran los primeros coches patrullas, pero antes de que los oficiales bajaran y acordonaran toda el área, el Ford emitió su típico rugido de encendido y se marcho lenta y sigilosamente al compás de una antigua canción de Los Beatles, con el conductor cantando suavemente, para que solo él pudiera oírse, Hey Jude, don’t make it bad, dejando atrás todo el show que habia preparado para sus amiguitos los oficiales, inspectores y periodistas. Disfrútenlo, se dijo. Mientras tanto del cielo, una mancha blanca descendía lentamente. El frío había traído compañía.

El trabajo ya estaba hecho, solo restaba buscar un teléfono limpio para hacérselo saber al jefe y luego seria libre de volver a casa. “Mierda que este frío cala los huesos” solo eso pensaba él. Parecía que hacia tanto frío como para congelar el combustible del tanque, ja, eso ya seria el colmo de la mala suerte.
“No dejes que tu imaginación vuele mas allá del horizonte de lo racional Tony, eso fue lo que le pasó al tío Alfredo y viste como terminó, incendiando la casa “para ver si se podía calentarla toda de una sola vez” y así matando a papá”
“No te mientas Tony, eso no fue lo que realmente ocurrió” dijo de repente una voz extraña y a la vez familiar que llegó a él como un suave susurro al oído para que nadie mas lo escuche.
Tony sobresaltado miró rápidamente a su alrededor y todo lo que descubrió fue que estaba solo en el Ford, tal y como lo había estado unos segundos antes. Suspirando complacidamente se dijo “Solo es tu mente jugándote bromas pesadas, necesitas dormir Tony. ¿Hace cuanto que estas despierto?”
Alargando la mano decidió volver a encender la radio, la había apagado hacia unos minutos debido a que habían dejado de transmitir música para concentrarse en debatir sobre los mensajes de los oyentes y sus opiniones sobre la evolución de la música en los últimos cuarenta años. Como odiaba que se pasaran charlando sin sentido en la radio en lugar de transmitir música, como si la gente quisiera escuchar una charla ajena en la cual no podía opinar o acotar alguna idea o corrección. Pero por supuesto, el poder consumía a la gente y los llevaba a creerse superiores.
Sus dedos tocaron el botón de encendido y para variar ahora la radio transmitía ahora un reporte de clima que anunciaba vientos con posibilidades de ventiscas. Cambio la sintonía hasta encontrar algo de música que hiciera más pasajero el viaje. Era una canción de rock comercial, aquellas que carecen de sentido y solo son conocidas por una temporada, pero con eso bastaba.
A la distancia vislumbro una parada de camioneros al costado de la carretera. Solo se detendría a hacer esa llamada al jefe, capas cedería un café y luego seguiría su camino. Ahora solo quería llegar a su departamento y acostarse en su cálida cama.
Mierda que hace frío.


-"El gordo ya no será problema, no volverá a hablar excepto con San Pedro, jefe.- dijo observando de reojo como la camarera servia café en su taza mientras él estaba en la cabina."
-"Bien. ¿Te aseguraste que nadie te vea?"
-"Por supuesto jefe, usted mejor que nadie sabe que soy un profesional."
-"No te confíes Tony, eres el mejor, pero incluso hasta tú puedes equivocarte."
-"Esta bien, como usted diga jefe, pero el trabajo ya esta hecho, y nadie me ha visto, me he asegurado. Tampoco he dejado huellas, tomé precauciones especiales en eso. Ahora lo dejo, me queda un largo trayecto a casa."
-"Tony, deberías detenerte en algún hotel, han dado alerta…"
“Viejo chiflado, es solo un ventarrón. Un poco de café, algo para comer ya que estamos y a darle gas a esa cafetera que tengo una cita con mi cama.”
-"Hola mi amor, parece que el trabajo esta tranquilo esta noche- dijo sentándose en su butaca señalada con la taza de café caliente.- ¿Qué me recomiendas para acompañar este café?"
-"No te vendría mal un bocado de la tarta de naranja."
-"No, creo que no vendría mal. ¿Y que tal algo de compañía?"
-"No hasta que termine mi turno, cariño."
-"¿Y cuanto falta para eso?"
-"Ja, acabo de entrar hace solo unas dos horas, y según tengo entendido para cuando acabe estaremos hasta la cintura de nieve."
-"Solo si crees es las profecías de los mentirologos. Yo estoy yéndome a Capital, ¿tu de donde eres?"
-"Bah, de un pueblo pequeño llamado Monte Rocoso, aquí a solo un par de minutos hacia el norte por la carretera."
-"Esta bien cariño, puede que vuelva uno de estos días por mas café y tarta de naranja y espero que no estés tan ocupada como para que te pueda invitar a un par de copas en algún bar."
-"Ja, como digas citadino, pero yo que tu primero me preocuparía por encontrar refugio pronto, la tormenta no tardará en llegar."
-"Profecías, nena. Simple profecías de los mentirologos."


Pero las profecías no parecían ser tan erradas después de todo, al salir se había encontrado con una fina alfombra blanca en el piso que casi lo hizo caer de bruces en el pavimento.
“Maldito frío”
Se acercó lentamente al Ford para no caer, y luego entró. Se sentía una leve diferencia de temperatura debido a la calefacción, pero aun así, él castañeaba los dientes sin cesar.
Miró su mano, tenía la servilleta del café, en ella se distinguía una serie de números, ja, sus encantos lo habían logrado de nuevo. Linda chica aquella camarera, rondaría los veinte, si es que no los había cumplido aún.
Aguantaría un par de días y se daría una vuelta por allí a ver si lograba algo con ella, al parecer estaban dejándole de gustar esas relaciones de una noche. ¿Cómo había dicho que se llamaba el pueblo? ¿Monte qué? Ah, bueno, luego se fijaría en un mapa y averiguaría.
La nieve estaba comenzando a molestar su visión.
“Maldita sea, lo que faltaba”
-Capaz debería dejar de lado tu orgullo y por una vez no hacer caso omiso de las advertencias de los demás- dijo de nuevo la fantasmagórica voz familiar pero esta vez él estaba seguro de haberla oído, esta vez habia sido mas que un susurro casi inaudible, esta vez fue como si el interlocutor estuviera sentado en el asiento del acompañante.
La voz le resultaba inquietantemente familiar, pero no podía ser, era imposible.
-Quizás no lo sea- dijo de nuevo la voz hablando con un tono inundado de indiferencia, como si el emisor careciera de sentimientos o tuviera el corazón de piedra.
Lentamente, como si su cuello necesitara una buena dotación de aceite, giro la cabeza hacia la dirección de la que provenía la voz. Ante él se alzaba una imagen que, años atrás, creyó que nunca volvería a ver. Veinte años.
Su padre se encontraba frente a él, en su aspecto original, antes de que… ocurriese.
-¿Cómo estas Tony? Bastante tiempo que no nos veíamos. Bah, que tú no venias a verme, yo siempre, siempre te estoy viendo Tony.
Sentía como que sus extremidades se separaban de su cuerpo y alejaban paulatinamente. Lo único que sentía era la presencia de su padre a su lado y el incesante latido de su corazón marcando un ritmo frenético y salvaje. Sus ojos se desviaron rápidamente hacia el frente, de donde unas luces brillantes cegaban su visión.

Continuará