La casi eterna caída no fue tan mala, a pesar de estar cayendo en plena oscuridad tal como una boca de lobo sin saber cuanto faltaba ni cuanto ya había transcurrido. Sin poder ver nada mas allá que la silueta de su propia nariz. El golpe secó contra el fondo del abismo lo sacó de su aturdimiento, le hizo comprender que eso era real y no una broma de su propia mente.
Se levantó sintiendo humedad y una textura blanda.
“Perfecto, estoy en el fondo de este agujero con el fango hasta los tobillos. ¿Algo más?”
Una tenue luz se encendió, una pequeña llama se encontraba suspendida a unos metros de altura y le permitía ver que se encontraba en un pasillo casi tan largo como había sido de profunda la caída. Las paredes verdes manzana con un tono beige por el paso del tiempo y la humedad le traían recuerdos olvidados… ¿pero en donde las había visto? Los cuadros colgados a ambos lados del pasillo se encontraban como “empañados”, una cortina gris difuminaba sus imágenes.
Dio unos pasos a adelante, el sonido de sus pies chapoteando en un charco cada vez más grande lo hizo observar curiosamente. Entonces, de repente un temblor se dejó sentir haciendo caer los cuadros y perderse en el ahora profundo charco que llegaba a las rodillas.
Una leve brisa invadió el lugar e hizo que la llama flotante dude si apagarse o no, y con sus bruscos movimientos creando fantasmas entre las sombras.
Su corazón latía frenéticamente, se estaba hartando de los fantasmas. Cuando la llama decidió cesar con su baile una figura se encontraba parada junto a él en el infinito pasillo.
El brujo.
Todos los pelos de Tony se irguieron como soldados al saludar a una autoridad de rango mayor. Ahogó un grito de terror en su interior y simuló calma.
-“Se que tienes miedo, por eso te he traído. Para mostrarte lo que te tengo preparado por haberme matado y dejado mi cuerpo en tierra corrompida. Mi alma no puede alejarse al eterno descanso como las mis antepasados, y por lo tanto tu y tu amigo han de sufrir mi ira.” – dijo con una voz ajena a cualquier sentimiento y mirándolo con unos ojos muertos y vacíos. – “Disfruta del espectáculo, pero recuerda, esto es solo un adelanto de lo que te espera.”
Entonces una ráfaga helada como suspiro de muerto sopló, apagando la llama a su paso. En plena oscuridad sintió que se encontraba solo de nuevo pero no tardo en captar el sonido de las chispas saltantes siempre presentes en el momento de quemar madera húmeda.
De repente, la escena se iluminó nuevamente, como si comenzara un nuevo acto en esta desquiciada y absurda obra de teatro. Solo que él se encontraba en escena sin idea del guión. El agua que llegaba hasta sus rodillas se habia esfumado y en su lugar habia dejado un piso de madera bastante precario, otro guiño en sus recuerdos olvidados. Las paredes que hasta hacía un momento mostraban el paso de los años en su color ahora se encontraban en llamas.
El pasillo era como la garganta de un dragón en pleno rugido ardiente… y él en la mismísima traquea, sin saber a donde correr. Echándole un ojo al recién aparecido suelo encontró uno de los cuadros caídos en el agua esfumada. Ahora podía ver con claridad la imagen, ya la había visto antes. En ella se encontraba un joven de cabellos negros alborotados junto a su padre en una comiquísima pose, ambos embarrados hasta las narices.
Él. Su padre.
Miró las paredes ardientes. Su casa de antaño.
“Sabe todo sobre ti. Ahora puede leer tu mente, porque esta en ella. Tienes que escapar Tony. Ricky dijo algo de devolver el cuerpo a tierra sagrada.”
Un extraño susurro a sus espaldas llamó su atención, absorbiendo su atención y sacándolo de sus pensamientos.
“Maldita sea, serpientes. Tony, esta en tu cabeza, conoce todo de ti. Desde tus mas remotos recuerdos, hasta tus mas oscuros secretos. Y eso incluye tus mas profundos miedos… mierda.”
Comenzó a correr, aferrándose fuertemente a la fotografía enmarcada, adentrándose en la garganta ardiente de la bestia que era esa pesadilla.
El pasillo se alargaba infinitamente, y las llamas consumían las paredes en una danza hipnótica haciendo que todo pareciera una alucinación. Pero él sabía que era real lo que estaba ocurriendo, era como si hubiera viajado a una realidad alterna. O como si estuviera soñando y el brujo estuviera jugando a ser Freddy Kruger. La cuestión es que todo lo que le ocurriera en ese lugar sería real.
Ya la caída le dejaría unos cuantos moretones, y la idea de que las serpientes dejaran sus propias marcas no le parecía nada atractiva.
Parecía que ya había estado corriendo por un par de horas, ¿o habían sido solo unos minutos? El tiempo era solo una medida inútil en esa realidad. Lo único que servía saber era que él estaba ahí y las serpientes detrás siguiéndole el paso. Y que mientras se mantuvieran alejadas todo estaría perfectamente, o al menos no se empeoraría más la situación.
Las paredes ya casi completamente consumidas formaban caras que atestiguaban la carrera de Tony. En más de un momento creyó reconocer algunas.
Si, aquel era el idiota que había intentado robarle dinero al jefe para demostrar su valor a una familia rival. Y aquel otro era aquel policía que no quería aceptar un dinero extra a cambio de mantener la boca cerrada. Aquel otro era el bastardo que los había vendido aquella vez en Cuba. Y el de su derecha era Don Canope.
Mil y un caras que observaban sin decir palabra su desesperada e inútil huida. Todos aquellos que él mismo había mandado al infierno (ninguno era santo por mas bueno que aparentara ser, todos tenían sus manchas en el curriculum) estaban presentes. Todos con aquella expresión vacía y muerta, ajena de todo sentimiento.
Entonces el pasillo acabó de repente, arrinconándolo. Miró sobre su hombro, el camino recorrido se inundaba de las serpientes.
“Mierda”
Desesperadamente registró las casi inexistentes paredes en busca de una puerta, una abertura, alguna manera de escapar.
-“No hay manera de escapar de tu destino, hijo.” – dijo la voz muerta de su padre. Tony giró sobre sus pies. – “Y estas destinado a sufrir el castigo de tu crimen.”
El escalofriante silbido se acercaba anunciando la inminente llegada de las serpientes, pero se podía oír algo más. Un sonido ajeno a todo el entorno, algo que desencajaba.
Al principio suave y casi inaudible, pero lentamente se oía mas claramente el armonioso sonido de la guitarra de Sweet Child O’mine.
El fuego a su alrededor se fue apagando, las fantasmagóricas caras en las paredes se difuminaron hasta no ser mas que un vago recuerdo. Las serpientes parecieron perderse en el camino. Toda el pasillo pareció alargarse como un chicle y luego hundirse como el Titanic. Tony salió disparado hacía arriba como bala de cañón, y voló en medio de una abrumante y espesa oscuridad hasta chocar con una pared invisible.
Entonces abrió los ojos.
Continuará