miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una Rayo de Luz (Lluvia: Epilogo)

Un radiante halo de luz da de lleno en mi cara y me arranca sin dolor de el remolino de pensamientos que es mi sueño. Abro lentamente los ojos para encontrarme en el desastre que he hecho en mi estado de locura. Observo lentamente como las cenizas se mezclaron con el agua sobre la alfombra arruinándola completamente, como los restos de vidrio por todo el piso brillan con la luz de la mañana y como la imagen de la ventana rota combina con el panorama de abandono que tiene mi casa.
Atino a levantarme y noto un intenso dolor en mis muñecas, me encuentro con dos heridas que son la marca de el trauma psicológico que he vivido, son un como un tatuaje que me recordará esa noche de insensatez. Las heridas han dejado de sangrar hace un rato ya, la sangre se ha coagulado y manchado el sofá, dejandole un tatuaje a él también, en donde me sumergí en el refugio de los sueños. Pero a pesar de todo la herida no ha cerrado todavía.
Ejerciendo una fuerza descomunal logro levantarme y dirigirme hacia el baño, en donde coloco un par de compresas como pulseras sin sentido de la moda y me dirijo hacia la puerta, tengo que salir de esta maldita habitación. Ademas, también me haría bien un poco de aire fresco, quizás un caminata ayude.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El Final de una Noche (Lluvia Parte III)

Ya no aguanto más. La soledad nubla mi razón y el maldito olor a humedad que puebla mi olfato parece destruir las pocas neuronas que no han caído rendidas aun. El incesante golpeteo del techo es como un martillo incansable en mi cabeza y vista de mi ventana, alguna vez hermosa, ahora es solo un manojo de bruma y oscuridad.
Las rosas del florero se han marchitado y aun no las han cambiado. Intensa sensación de nunca terminar abruma mi cansado corazón. Anhelo de libertad y mi escepticismo me niega creer que algún día volveré a tenerla.
La oscura muralla que separa al Sol de sus fieles siervos, los humanos parece impenetrable e invencible haciendo solo que los corazones desesperanzados solo lloren de angustia, incluido el mío.
Solo me queda observar, como siempre lo he hecho. Calles que son ríos que tragan lo que se acerque en un arrebato de loca hambruna. A lo lejos, como en el edificio de el otro lado de la calle, el cual ya es otro mundo lejano e inexplorado, se distinguen otros observadores, prisioneros de sus propias moradas que deslumbran con una pequeña chispa de esperanza lo que queda de ciudad y escrutan el cielo en busca del menor asomo de luz. Una sonrisa puebla mi cara al darme cuenta de que no estoy solo, que no soy el último bastión de la humanidad en una era post-apocalíptica.
Me doy vuelta dirigiéndome a mi habitación. El cenicero junto al sofá es un cementerio de colillas a punto de rebalsar sobre la alfombra que alguna vez fue hermosa y ahora es solo un manojo de pelos artificiales llenos de humedad y abandono. El cuadro torcido de un amanecer en bote en medio del mar opaca las uniformes manchas oscuras de humedad que a logrado infiltrarse en la claridad de la pared. Olvidados en una esquina se encuentran, junto a la puerta, el paraguas y el saco con los que llegué a casa cuando el cielo se nublo hace tanto tiempo que ya casi no lo recuerdo. O quizás nunca ocurrió, quizás no existe nada detrás de esa puerta y la ventana solo me muestra lo que quiero que me muestre. Las paredes se encogen, siento que me aprietan en el pecho y en la cabeza. La locura posiciona mi ser y me lleva de nuevo frente a la ventana.
Observo como las nubes lentas y cansinamente flotan en fila india, una detrás de otra, sin dejar ni la más mínima ranura libre de cielo. Observo como la oscuridad total nubla lo poco de razón que me queda y como aviva el fuego de mi furia. Mi reflejo distorsionada sonríe burlonamente porque él es libre, él está del otro lado del espejo donde todo es lo opuesto. Lo golpeo en la nariz, creo verlo sangrar y alejarse rápidamente mientras el agua entra a la habitación y el calor que brota de la herida en mi mano me demuestran que sigo vivo.
La locura y la furia ciega hacen que no sienta dolor alguno, sino un leve cosquilleo que apenas logro percibir. A pesar de saber que ese corte puede ser dañino siento una leve curiosidad de ver que ocurriría si... ¡No! Es una idea estúpida e insana... pero, la curiosidad. Además, todo esto parece ser un sueño. Tan irreal.
Arrastrándome entre el agua que entra a montones por la ventana rota me dirijo hacia los restos de vidrio esparcidos por al alfombra. Astillas se entierran en mis manos y rodillas, pero no logran detener mi empecinado recorrido.
Vislumbro un pedazo de vidrio que forma un triangulo casi perfecto. Lo tomo delicadamente y lo observo. Admiro su forma, su suave y apenas perceptible curvatura, su intenso filo y puntiagudo final. Es perfecto para el plan que mi locura ha decidido llevar a cabo.
Arremangándome de mangas acerco el improvisado cuchillo y comienzo la operación. Primero la izquierda y luego la derecha. La sangre brota rápidamente y mancha la ya arruinada alfombra con manchas rojas por todos lados.
Me pongo de pie y lentamente me dirijo al sofá donde me dejo caer tumbando el colmado cenicero sobre alguna que otra botella de cerveza vacia y veo el desastre que he armado. Una risa se me escapa mientras siento que las fuerzas se me escapan a medida que el pasan los segundos y se me cierran los ojos.
Antes de caer rendido veo que a lo lejos el Sol se asoma rompiendo la barrera de nubes, como curioso para ver que sucede, ver que tan desesperado puede estar uno...

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tormenta (Lluvia Parte II)

Ya han pasado dos días desde que comenzó. El cielo se enfureció y atacó a la tierra con agua y rayos de cegadora luz azul. Ya no hay caminos o calles, solo ríos artificiales cuyo caudal transporta hojas basura y demás hacia un hambriento desagüe que ingiere todo sin asco ni prejuicios.
El calor de las reuniones familiares dieron paso a la frialdad del encierro. El eterno sentimiento de soledad que puebla las almas de los sobrevivientes y se escuchan constantes pasos por toda la casa en busca de una solución al aburrimiento.
Mi ventana sigue igual, tan mojada y empañada como vaciás las calles. Ya ni los audaces se atreven a salir por miedo a no volver.
El monótono y suave sonido de las gotas chocando sobre el techo es ahora el molesto estruendo de ventanas flojas golpeándose hasta la muerte.
El sol no ha salido en un tiempo, tiene miedo de enfrentar a las nubes, que una vez rosas ahora son negrura total. Farolas iluminan, sin sentido alguno, las desiertas calles, en donde todo es agua y no parece menguar.
Solo nos queda esperar...

Continuará

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lluvia

Las gotas golpean el cristal empañado que me separa del jardín trasero. Las nubes pueblan el cielo y lo tornan de un triste color rosáceo oscuro. En el firmamento, luces incandescentes que golpean la tierra, y vienen pisando les sus talones por azotadores ruidos que demuestran su poder.
Las calles se vacían de gente y solo los más audaces se atreven a salir y enfrentar la tempestad. Lo que de antaño eran caminos se convierten en ríos y pantanos. Las familias se reúnen, para disfrutar la ocasión, y se siente el sabor del mate acompañado del olor a tortas fritas.
En cambio solitarios y pensadores se deleitan con un libro en su cálida morada o, simplemente, se paran de frente a una ventana para ver la lluvia caer...

Continuará