sábado, 23 de abril de 2011

Esto no es Hollywood chico

¿Ves ese vaso de cerveza en la mano de aquel hombre destruido por la vida? Eso es un corazón partido chico. Mira a los ojos a ese señor, esta destruido, carcomido por las penas y el dolor, por la angustia. Eso es un corazón roto.
Porque tenés que saber que en esta vida no hay finales felices, no vas a cabalgar hacia el ocaso con la chica junto a ti y luego aparecen los créditos finales con una canción. No, no en esta vida. Esto es real, es frío y a veces sin sentido. Esto no es Hollywood.
Acá si las cosas salen mal no hay un hombre en una silla con un megáfono que grita “¡Corten!” Acá tenés una sola oportunidad y tenés que hacerla valer. Aprovecharla y saber usarla. Nada de presionar un botón y reiniciar la partida, nada de rebobinar la escena.
Hoy te estas jugando el corazón, pero no te hagas la película, que en caso de que te lo rompan siempre va a sanar. Ven a verme mañana y dime como te ha ido, te invitaré una cerveza chico.

lunes, 11 de abril de 2011

Vida y vida nueva.

Nacemos al igual que el sol por el este todas las mañanas, crecemos al igual que los charcos en las calles durante las lluvias, nos perdemos en la igualdad y monotonía como un extra de una película, nos morimos y marchitamos al igual que una flor en el invierno. Para al momento de ser necesario, volver y renacer como un fénix de entre las cenizas, mas grandes y mejores que nunca.
Es el momento de vivir una vida nueva.

sábado, 19 de febrero de 2011

Un ultimo brindis.

¿Cómo empezar? ¿Cómo decirte que desde que te fuiste no dejo de pensar en ti?
Siento un fuego quemándome por dentro, y para que sepas, no es el amor que alguna vez sentí por vos. No. Esa emoción esta muerta, metro y medio bajo tierra.
“Otra copa por favor.”
Entre vasos y vasos de cerveza veo el mundo difuminarse, siento el piso tambalearse, pero a vos… a vos te veo igual. Y te advierto, que no te ves tan bien.
La otra noche al partir, que te dejé mi carta no me fui. Me quedé esperando en junto a la puerta, esperanzado de que salieras llorando a buscarme, a pedirme que volviera.
“Otra por favor.”
No se cuanto esperé, solo se que fue suficiente para que una parte de mi muriera. Todo lo que sentía por vos.
Y a pesar que lloré tu perdida, en esta barra en la cual estoy casi dormido. Entre murmullos y gritos yo digo, que fuiste todo lo que necesité para abrir los ojos y ver mi mayor error. Quererte. Creerte. ¿Cuántas veces me habrás mentido mirándome a los ojos? ¿Cuántas veces me habrás engañado con otro?
“¡Una copa más, para mi y… y todos mis amigos!
¿Esta bien lo que te he dicho? ¿Esta bien como me he expresado?
Aunque, ¿para que te pregunto? Se que cuando recibas esta carta, si decido enviártela, no responderás. Y si llegas a dar una respuesta la quemaré antes de leer. Y si llegara a leer tu respuesta, puedes confiar, en que no me va a importar lo que pienses. 
“♫ Y sé que es en vano brindar esta noche por nosotros dos. ♫” 
Esta noche brindo, por mi, por ti, mas no por nosotros. Ya no mas.
Nuestros caminos se separaran, para bien o para mal. Y aunque una lagrima cae por mi mejilla sonrojada mientras canto a todo pulmón. Aunque mis ojos se humedezcan y se rebalsen sobre este trozo de papel, vos no vas a sentir lo mismo. Tengo la teoría de que tu corazón es de piedra o de hielo. De todas formas no pienso averiguarlo.
No pienso llorar por el amor no correspondido, ya no mas, ya no tiene sentido seguir así.
Te voy a sacar de mi ser, aunque duela… aunque cueste.
Adiós, hasta siempre.

martes, 8 de febrero de 2011

De planetas diferentes

Quizás, al final, no seamos el uno para el otro. Nuestra eterna incompatibilidad, nuestra monótona rutina de gritos y llantos. Nuestros mutuos secretos. Mis ausencias cada vez mas prolongadas y tu frialdad al intentar reparar los errores.
No es culpa de nadie, y a la vez de ambos, que la llama de este amor se haya extinguido. Tan solo no somos el uno para el otro.
Quizás nunca tuvimos opción y todo esto tenía que pasar.
Y yo se que cuando leas esto no vas a llorar, al menos no de corazón, sino como una simple formalidad.

¿Sabes lo que pasa? Vos y yo… somos de planetas diferentes.

jueves, 27 de enero de 2011

Mi Droga Favorita

Ha pasado tiempo desde nuestro último encuentro. Serán una semana o dos, aunque para mi fueron como mil años. Sinceramente aún no veo el sentido de esto, esta fatigosa rutina. Yo te busco, me arrastro a ti y a cambio recibo indiferencia total, frialdad pura que congela el corazón.

"Todo el mundo quiere felicidad sin dolor, pero no puedes tener un arco iris sin un poco de lluvia" escuche decir a alguna voz en la multitud. O quizás fue una frase mas de alguna novela mas. Lo que importa es que esta lluvia se esta convirtiendo en un huracán, y dudo que al final del arco iris un duende con oro vaya a encontrar.

Aun así, como con los ojos cerrados me arrastro nuevamente a tus pies. E inhalo tu perfume, mi droga favorita. Una buena dosis para calmar el dolor... por ahora.

viernes, 21 de enero de 2011

22/01 - Aquel pedazo de papel

Aquel pedazo de papel. Aquel borrador que había escrito la noche anterior. Una idea repentina que decidí plasmar en el papel, rompiendo la monótona rutina de escribir a paso de tortuga una novela que no llegaba a ser del todo buena. Quizás solo el principio, pero el resto era deplorable.
Aquella idea, tan pura y repentina, estaba nublando todos mis pensamientos. No podía sacarla de mi cabeza. Era como una droga, algo nuevo para mi, por mas que ya llevara escribiendo, o tratando de hacerlo, por al menos unos veinte años. Para mi escribir lo era todo, lo mas importante para mi. Era mi capsula de escape de la realidad, de mis problemas. Mi refugio. Algunos se ocultaban tras vasos y vasos de cerveza, otros tras mujeres "costosas", detrás de abrigos de piel, o incluso colecciones de miniaturas, modelos a escala, estampillas o lo que sea. Mi refugio es el escribir.
A veces me ensimismo demasiado y me oculto muy profundo en mi cueva y me es difícil salir y volver a la luz natural, volver a ver la realidad. "Todos los excesos son malos." Eso decía mi esposa cuando me enterraba mas de lo saludable. Por diez años me lo dijo, hasta que se dio cuenta que ella no era el amor de mi vida, sino el escribir. Cuando sus ojos poblados de lagrimas descubrieron que guardaba a mis hijos en el cajón superior del escritorio. Entonces, en medio de gritos y llantos, ella juntó sus cosas en su valija y se marchó.
Esa fue una era oscura, llena de soledad y pesadillas vivientes. Una eterna guerra entre la locura y la razón. Una lucha a la que sobreviví gracias a mi refugio y a mis armas, la Underwood sobre todo.
El ambiente de la casa se fue viciando progresivamente con el olor a cigarrillo y a whisky barato hasta impregnar el olor de manera definitiva en todo el lugar, sin importar cuanto tratara mas adelante por quitarlo. Había venido para quedarse. Al igual que mi habilidad para crear cuentos un tanto macabros, me sentía como un Poe a veces. Sacaba provecho de mi situación, mi soledad y el ambiente viciado que había creado. Esto era perfecto para imaginar las mas desquiciadas ideas y plasmarlas en el papel. Aunque últimamente me hubiera decidido, quizás erróneamente, a escribir esa novela. La idea no era mala, pero a medida que iba terminando los capítulos y comenzando uno nuevo veía como la historia perdía su gracia y atractivo, y , al menos para mi, llegaba a ser innecesariamente larga y de una calidad bastante baja. Estaba pensando en volver al primer borrador y dejar la idea en un cuento nada mas, quizás uno un poco mas largo que los demás, pero llegar a ese punto y frenar. Nada de novela por ahora.
Pero ese pedazo de papel. Esa idea voladora que atrapé por los pelos. Ese borrador. Tan puro, tan nuevo, tan refrescante.
Por alguna razón había estado observando el paisaje desde mi ventana, la que estaba ubicada junto a mi escritorio para proveerme de una basta luz natural. Aunque rara vez la abría, el oscuro ambiente de mi precaria oficina me ayudaba a entrar en el oscuro mundo de donde nacían mis cuentos. Desde allí sentado, frente a mi fiel compañera, la Underwood, veía el sol caer lentamente sobre el horizonte. Vi pájaros como manchas fugases que por un instante se interpusieron entre la gran bola de fuego y yo. Unas nubes le daban un tono imperfecto al placido cielo de verano. La ciudad, catorce pisos mas abajo parecía calmada y no emitía casi ruido molesto alguno.
Por primera vez en muchos años me sentí feliz, realmente feliz. Fue entonces cuando apareció, repentinamente como si al doblar una esquina me encontrara con un viejo amigo al cual casi no reconocía por el tiempo de nuestra separación. La idea, aquella bendita idea que atrapé tal mariposa con una red y decidí añadirla a mi colección debido a su extraño color.
Ahora se encontraba ahí frente a mi, elegante sobre su precario y no demasiado fino traje, en su primer borrador.
Bendito pedazo de papel.

miércoles, 19 de enero de 2011

Fuegos de Medianoche (Fuegos de Medianoche Capitulo VI)

Fue sencillo sacar el Ford de su confinamiento accidental. Tampoco fue demasiado complejo tirar la camioneta a un costado del camino un par de kilómetros más al Sur haciendo que pareciera un accidente de conductor borracho. Tan solo para cuando el reloj marcara las 11.40 ya se encontraban ambos personajes en el Ford camino a Capital.
La radio seguía emitiendo solo estática sin importar que estación sintonizara.
Billy alargó la mano y apagó el aparato. Miró a Tony que se encontraba serio, concentrado en el camino (o en algún pensamiento) sin mostrar sentimiento alguno en su rostro pálido y cansado. Estaba pensando en Ricky. Ya habían transcurrido más de diez años de aquel día. Aquella tarde en la que dos pequeños habían decidido escaparse de casa para vivir aventuras, una idea loca que se les ocurre usualmente a los chicos que rondan esa edad. Al crecer mas usualmente la idea de escapar se mantiene pero con fines de alejarse de problemas.
Ese día Ricky y Tony se habían escapado y se refugiaron en la estación de trenes de la tormenta. Era un edificio antiguo, uno de los pocos que habían sobrevivido al gran incendio de la ciudad, según le había comentado su padre. “¿Te han comentado sobre el Gran Incendio de Londres en la escuela? Pues deberían hacerlo. Esto fue algo parecido, solo que aquí no hicieron un monumento por eso.”
Su padre, por un instante le pareció verlo frente a él, en el camino, como un peatón saludándolo, solo que se movía a la velocidad del auto, como si solo fuera una calcomanía en el parabrisas, solo que esta se movía y lentamente se iba consumiendo. Su aspecto se deterioraba, como si estuviera incendiándose con su carne chamuscándose… solo que sin llamas y sin dejar de saludar. Es una imagen enfermiza pero no puede dejar de mirarla, siente que se merece el castigo de verla.
Emitiendo un suspiro Billy dijo de repente -  “¿Hace cuanto que no duermes Tony?”
-“¿Eh?” – dijo sorprendido. La pregunta lo había sacado de sus pensamientos, llevándolo de nuevo a la realidad como un vaso de agua fría por toda la cara. La imagen de su padre ya no está, se esfumó. – “Alguna que otra hora, pero por alguna razón no logro mantener el sueño. Y tampoco he logrado comer mucho” – comentó. Entonces recordó la tarta de naranja de hacía rato, y a la mesera. Se preguntó si el número en la servilleta seguía estando en su bolsillo y si se mantendría legible. Le había parecido simpática y tenia ganas de verla de nuevo. – “¿Y vos Billy? ¿Cómo esta tu situación? Dijiste que habías logrado conciliar el sueño un poco antes que te llamara al rescate” – añadió con una sonrisa forzada en la cara.
-“Ja, maldito hijo de perra. Creo que en estos tres días me gasté una fortuna en pastillas para dormir. He estado probando de todo, cansarme física y psicológicamente, aburrirme hasta el extremo, pero nada. Cada vez que parece que estoy a punto de dormirme… veo imágenes escalofriantes, como unas pesadillas salidas de la enferma cabeza de Stephen King. De esa manera me despierto gritando y sudando, y noto que no transcurrieron ni cinco minutos desde que posé mi cabeza en la almohada” – respondió tornando su cara en una expresión sombría. Durante unos minutos el silencio se hizo presente siendo interrumpido por el continuo ronroneo del motor sobre la carretera.
Tony estaba sorprendido, al parecer él no era el único que estaba viendo cosas, aunque sus pesadillas lo atacaban mientras estaba despierto. Además Billy había mencionado que veía imágenes, mientras que a él se le presentaban personajes de su pasado.
El brujo.
-“Esas imágenes que ves…” – comenzó tímidamente Tony – “¿podrías describirme una?”
El comentario lo tomó por sorpresa a Billy, quien se estaba concentrando en dormir un poco, eran unos minutos hasta Capital pero con tal de dormir algo. – “¿Para que quieres saber?” – preguntó como un niño que no quiere prestar su juguete favorito a menos que le den una muy buena razón para hacerlo.
-“Tengo curiosidad” – respondió tranquilamente sin dejar de mirar el camino. Quería parecer despreocupado, pero en realidad por dentro estaba muy nervioso. No quería que otro fantasma se le apareciera y esta vez la suerte no estuviera de su lado y acabaran estampillados contra un camión o una pared.
-“Maldición” – replicó Billy con un aire somnoliento. – “Te las describiré un poco, para que te hagas una idea. No son siempre iguales y tampoco recuerdo todas. En fin, al dormirme tengo estas… “visiones” se podría decir. Veo rayos y monstruos. Veo cuerpos mutilados y una oscuridad total que me absorbe. Entonces me despierto. Es mas o menos el mismo sueño, solo que varían unos detalles” – dijo Billy y añadió como punto final. – “¿Contento Freud?”
-“Interesante. Una cosa mas, ¿estas pesadillas comenzaron a presentarse después del encargo que nos dio el jefe hace unos días?”
-“En realidad no, la primer noche solo sufrí insomnio. Estas pesadillas se presentaron al día siguiente.”
Entonces el silencio dentro del auto hizo presencia nuevamente acompañado esta vez por el sonido del viento chocando contra las ventanillas, al parecer se avecinaba una tormenta.
Nuevamente fue Billy quien rompió el silencio diciendo: - “También he visto al brujo en mis pesadillas, diciendo que cobrará venganza por su muerte.”
Tony quedó helado. Realmente era el brujo, no cabía duda alguna.
Tony no era de aquellos que cuentan sus secretos o sus problemas personales a cualquiera. Es mas, Billy era su mejor amigo y jamás le había contado nada, nada aparte de los típicos temas que se abordan cuando dos amigos de la vida y compañeros de trabajo se toman un día para sentarse a tomar un cajón de cervezas y ver el partido. A Tony le gustaba mantener lo privado en privado. Por lo tanto Billy no sabía mucho de su pasado, no sabía nada de Ricky y mucho menos de su padre.
Pero era momento de hablar. Y con voz seca y dejan traslucir toda su preocupación emitió seis palabras que estaban pesándole por dentro como una tonelada de piedras -“Yo también he estado viendo cosas.”


-“¿Entonces vos me viste ahí parado junto a Ri… al niño? ¿Presentiste que estaba en peligro?” – preguntó Tony sorprendido.
-“No se como ocurrió, pero pude verte como si estuvieras a solo unos metros de mi.”
-“Vaya… bueno. Tenemos que hacer algo al respecto. Antes de lo de la caída y la pesadilla, el niño me dijo que el brujo lo había enviado para advertirnos y salvarnos.”
-“No creo que el brujo nos de oportunidad de salvarnos. No con ese adelanto que te dio.”
-“Entonces ¿quien lo haría?” – entonces parado en la nieve se encontraba Ricky saludando, como unos minutos antes lo había hecho su padre. – “¿Ves eso?” – preguntó Tony casi sin aliento, como si la visión de Ricky en la nieve, que comenzaba a crecer en altura, le helara la sangre hasta dejarlo sin poder hablar.
-“Veo algo, ¿es el niño de mi visión? ¿Pero que demonios?”
Entonces la imagen de Ricky sufrió un cambio. Su cuerpo literalmente se dividió a la altura del estomago, su brazo izquierda se dobló en una forma humanamente imposible mientras que su brazo derecho seguía saludando con el mismo entusiasmo. Su rostro, hasta entonces sereno y sin expresión se torno en una mueca de dolor extraordinario. Esta imagen realmente heló la sangre de Tony, petrificándolo como una estatua asustada y boquiabierta.
Billy siguió un camino parecido, solo que él en lugar de quedarse duro como una estatua viviente en pleno intento de conseguir monedas para poder comer, se inclinó hacia delante y largó sobre la alfombra de terciopelo del Ford su cena y parte de su almuerzo.
De repente la figura de Ricky se esfumó como si el viento de la tormenta se lo llevara, limpiando el desastre. En su lugar el cristal del parabrisas comenzó a escarcharse en los bordes y a empañarse en todo el centro, nublando la visión de Tony. Rápidamente se dibujaron unas palabras que se encargaron de hacer que a Billy se le ericen los pelos de la nuca y que Tony salga de su estado de shock: “No escaparan por mas rápido que traten de huir.”
Sin poder hacer nada al respecto Tony sintió que el pedal del acelerador se pisaba a fondo, un instante después sintió que se soltaba y se movía el embrague, la palanca de cambios se movía como dirigida a golpes duros y luego volvía a irse a fondo el acelerador. Esto se repitió unas tres veces, ya que Tony iba manejando lentamente por la nieve, pero solo fue en una cuestión de no más de medio minuto. El coche comenzó a moverse a una velocidad extremadamente veloz, y no tardó en resbalar para los costados perdiendo el control.
A pesar de los intentos de Tony de recuperar el mando del vehículo pisando a fondo el pedal del freno, este parecía no responder a sus ordenes. El freno de mano tampoco surgió efecto alguno.
Los cristales del Ford estaban completamente congelados haciendo nula la visión de sus pasajeros. Entonces un leve sonido captó la atención de Tony.
-“Debes devolver su cuerpo a tierra santa, es la única manera”- un susurro inundado de lamento le llegó apenas al oído. Era la voz de su padre. Entonces se dio cuenta, había sido él, como un ángel guardián, tratando de protegerlo. – “Debes hacerlo Tony, o no habrá un buen final para ti” – dijo nuevamente en un susurro penoso pero que lentamente se fue perdiendo en el aire, o al menos eso le pareció a Tony.
En realidad todo el acto final ocurrió en no más de un minuto, solo que el miedo y el estrés, sin mencionar el hecho de que los muertos cobraran vida  lo estaban llevando camino a la locura.
Mientras tanto Billy peleaba desesperadamente por abrir una abertura en el hielo de los cristales para ver el camino que seguía el coche endemoniado. Ya había tratado de abrir la ventanilla correspondiente a su asiento descubriendo que le era imposible, ya que la manivela se encontraba trabada y no cedía por más fuerza bruta que le aplicara.
El vehiculo iba ganando cada vez mas velocidad, derrapando para izquierda y luego para derecha, pero manteniendo el curso hacia delante.
Entonces Tony no necesitó seguir forcejeando con el efecto paranormal que había atacado al vehículo, ya que este ultimo hizo un giro de 90° a una velocidad que habría sacado chispas a todos los radares de carretera. Ambos pasajeros sintieron como la gravedad se invertía. Vieron como sus cuerpos eran atraídos hacia abajo, ya que ellos estaban de cabeza. Y para culminar el espectáculo el cristal congelado del parabrisas se rompió en miles de millones de pequeños cristales camicaces volando en todas direcciones.
Eso fue lo último que vieron Tony y Billy cuando se cubrían instintivamente la cara con los brazos. Sintieron a los pequeños y filosos camicaces chocar contra sus brazos, escucharon el sonido del metal chocando y doblándose. Capaz desde un punto de vista distinto la escena les habría emocionado, si ellos no hubieran sido los pasajeros sino unos casuales espectadores. Incluso les podría recordar a alguna escena de película de acción. Pero todo es distinto cuando te ocurre a ti, a veces no le ves la gracia.
El coche se arrastró por un par de metros sobre el asfalto y luego se dejó salir del camino para entrar en el manto de nieve al costado. Su recorrido acabó cuando un árbol se interpuso en su camino, y con un golpe seco lo detuvo.
Sin embargo no habían acabado las sorpresas que tenía preparadas el coche. Mientras sus ocupantes se encontraban atrapados dentro, quizás inconscientes, del motor comenzó a nacer un pequeño cuerpo de color anaranjado bailando al compás del viento. Al mismo momento en algún otro lugar se dejaron escuchar doce campanadas marcando el final y el comienzo de un nuevo día.

Fin de "Fuegos de Medianoche"