Quizás, al final, no seamos el uno para el otro. Nuestra eterna incompatibilidad, nuestra monótona rutina de gritos y llantos. Nuestros mutuos secretos. Mis ausencias cada vez mas prolongadas y tu frialdad al intentar reparar los errores.
No es culpa de nadie, y a la vez de ambos, que la llama de este amor se haya extinguido. Tan solo no somos el uno para el otro.
Quizás nunca tuvimos opción y todo esto tenía que pasar.
Y yo se que cuando leas esto no vas a llorar, al menos no de corazón, sino como una simple formalidad.
¿Sabes lo que pasa? Vos y yo… somos de planetas diferentes.

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